Un mundo sin machismo

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Por Leandro A. Sánchez Ilustración  Aleutie

No podemos seguir viviendo de espaldas a ella, la violencia, especialmente hacia la mujer, que durante los últimos años se ha incrementado en gran manera. Ante esta realidad, profundizar en sus causas resulta vital para erradicar de raíz esta problemática que muchos pasan desapercibida, o peor aún, ya forma parte de su diario vivir… de su modus operandi. 

Para ONU Mujeres, Organización de las Naciones Unidas dedicada a promover la igualdad y el empoderamiento de éstas, las causas de la violencia contra la mujer se encuentran en la discriminación de género, normas sociales y estereotipos que la perpetúan… Dados sus efectos devastadores, los esfuerzos se han concentrado principalmente en las respuestas y servicios a las afectadas. Sin embargo, la mejor manera de contrarrestarla es tratando sus orígenes en las primeras etapas de la vida, mediante una educación temprana que promueva las relaciones de respeto y la igualdad, pues desde aquí, sutilmente, se cuela el machismo.

Pero, ¿qué es el machismo, realmente; estamos conscientes de lo que implica? La Real Academia de la Lengua lo define como “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”.Teniendo esto claro, podemos entonces generar conciencia y discusión sobre las actitudes y conductas de esta índole que aún persisten en nuestro medio.

Pero un cambio de la noche a la mañana no será posible, pues “el machismo es parte de la historia de la humanidad, tiene sus orígenes, hace siglos, en las religiones y culturas milenarias que fundamentaron el orden social en una jerarquía que daba preponderancia a lo masculino, y para bien o mal, ha permanecido a través del tiempo, fundamentado en creencias irracionales, mitos y tabúes relacionados con la superioridad del macho por encima de la hembra”, explica el psicólogo y terapeuta sexual y de familia, Ramón Emilio Almánzar.

Por esta razón, especialistas en la materia consideran el trabajo con jóvenes como la mejor opción para lograr un progreso rápido y sostenido en materia de prevención y erradicación, ya que se trata de una etapa crucial durante la cual se forman los valores y normas relativas a la igualdad de género.

“Al estar fundamentado en creencias ancestrales que se han ido validando de generación en generación sin ser cuestionadas, el machismo cobra también fuerza en nuestro país, que siempre se ha tildado de machista por como se maneja la distribución de las diferentes áreas de impacto social: el estado, la familia, la iglesia, las instituciones… Tan sólo hay que fijarse en el orden jerárquico de quienes ocupan en gran medida los puestos de mando”, detalla nuestro entrevistado, quien traduce esto en una sociedad muy permisiva con las actividades masculinas y punitivas de las femeninas.

¡A la carga! De seguro has escuchado decir que las mujeres son más machistas que los mismos hombres, pero, ¿qué tan cierto puede llegar a ser esto? Almánzar responde con firmeza que no necesariamente sean más machistas, pero sí lamentablemente muchas, sin ser conscientes de ello, validan roles de este tipo en su vida cotidiana, tanto en la crianza de los hijos, como en lo que esperan de sus parejas, dado del modelo de crianza al que fueron sometidas.

Pero aunque resulte muchas veces difícil y estemos privados de voluntad estatal, el cambio puede generarse… “Las cosas no son tan simples porque es todo un sistema. En estos casos se tiene que elaborar un plan a largo plazo donde se vayan sustituyendo roles desde el Estado y el sistema educativo, que tengan un impacto a nivel social y familiar”, comenta Almánzar, quien entiende que de no materializarse una transformación seguiremos viviendo lo que hasta ahora, ni más ni menos. “Los cambios aislados, simplemente generan más desorden, porque no hay una institucionalidad”, puntualiza.

Por eso, ONU Mujeres, en las conclusiones convenidas en el 57º período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, destaca que hay que conseguir que el hogar y los espacios públicos sean más seguros para las mujeres y niñas; procurar su autonomía económica y seguridad, y aumentar su participación y poder de decisión en el hogar y las relaciones, así como en la vida pública y política. Sostienen que el trabajo con hombres y niños ayuda a acelerar el progreso en materia de prevención y erradicación de la violencia. “Ellos pueden comenzar a cuestionarse las desigualdades y las normas sociales profundamente arraigadas que mantienen el control y poder que ejercen sobre las mujeres, lo que a futuro podría traducirse en mas tolerancia y compresión, en vez de actuar bajo sus impulsos con violencia”, aclaran.

Cosas del pasado. Resulta interesante la postura de la escritora mexicana Marina Castañeda, autora del clásico El machismo invisible, no en sus aspectos más violentos y degradantes, pero sí en sus expresiones cotidianas más sutiles. Por ejemplo: en la necesidad de ciertos hombres de demostrar que son “muy hombres”; en los mutuos juegos de poder y manipulación entre hombres y mujeres; en la creencia de que ellas no pueden vivir sin el apoyo y la protección de ellos; en la incompetencia asumida, por parte de los hombres, para hacerse cargo de cualquier labor doméstica o expresar sus emociones. “Ese machismo lite ya no tiene cabida ni sentido en la vida moderna, de ahí que se haya vuelto caricaturesco. Asimismo, las viejas figuras del político arrogante, el patrón prepotente, el padre autoritario o el marido controlador se han convertido, sin que se den cuenta de ello, en personajes de risa”, destaca Castañeda.

Cómo combatirlo

No sirve de nada exponer esta realidad sin un plan de acción. Por eso enlistamos una serie de actitudes e ideas a eliminar de nuestro diario vivir, propuestas por el movimiento internacional Machista en Rehabilitación, iniciativa del Fondo de Población de la ONU.

Antes de iniciar, te invitamos a responder la siguiente pregunta, seas hombre o mujer: ¿Soy machista? La respuesta la obtendrás una vez leído lo siguiente:

1  En la casa. Que el hombre lave los platos no debe ser motivo de alabanza; es tarea que ambos pueden realizar sin problema alguno.

2 En la cama. Se tiene la idea de que la mujer debe “estar siempre dispuesta”; no es así. Tiene derecho a vivir su sexualidad con plenitud. Nadie está al servicio sexual de su pareja.

3 Mientras conduces. Las mujeres son tan capaces como los hombres de manejar vehículos y cualquier tipo de maquinaria. No repitas expresiones como “Tenía que ser una mujer”.

4 En la elección profesional. La enfermería no es sólo para mujeres y la medicina e ingeniería para hombres. Elije y deja elegir a los demás su carrera profesional en base a sus gustos y afinidades, no a estereotipos y mitos.

5 En el trabajo. No está mal que la mujer ocupe un puesto de mando. Las capacidades no están definidas por el género. La personalidad, la experiencia y la preparación son más importantes.

6 En la fiesta. Los ambientes nocturnos son otro espacio concebido, popularmente, para hombres. Si la mujer decide salir y divertirse con sus amigas se cuestiona su integridad. A divertirse tienen derecho todas las personas.

7 Con los grupos de amigas. No refuerces la idea de que una mujer está incompleta sin un hombre. Si una de tus amigas tiene más de 25 años y ha optado por la soltería, no seas eco de dichos como “Ya se le pasó la hora”.

8 En las actividades de esfuerzo físico. Elimina expresiones como: “Juega como un hombre”, ya que otorgan superioridad al género masculino y descalifican al femenino.

9 En la crianza. No asumas estereotipos de vestimenta o afinidades. Si a tu hija le gusta el azul y jugar fútbol, no la corrijas diciéndole frases como: “A las niñas les debe de gustar el rosado y jugar con muñecas”.

10 Vocabulario en general. A diario se comparan actitudes, formas de vestir… con modos de actuación estereotipadas para hombres y mujeres, que llevan implícitas descalificaciones, sexismo: “¡Qué marimacha!” o “No seas tan loca” (dirigido a un hombre), etc.

“Muchas mujeres, lamentablemente, adoptan el machismo en sus vidas sin ser conscientes de ello, dado el modelo de crianza al que fueron sometidas”, Ramón Emilio Almánzar, psicólogo y terapeuta sexual y de familia.