Cuando el machismo se tiñe de caballerosidad

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¿Ambos términos se relacionan? Desciframos el enigma.

Por Leandro A. Sánchez  Foto Fuente externa

Lejos de las luchas feministas amparadas en la igualdad de género, surge sigilosa e invisible una sutil realidad que pocos saben detectar, sobre todo porque suele escudarse, regularmente, bajo los buenos modales y atenciones. Se trata, como versa nuestro título, del hombre machista disfrazado de caballeroso. Una realidad latente y al mismo tiempo oculta.

No es un tema “halado por los pelos”. El decidir hablar sobre el mismo, en esta oportunidad, tiene su origen en los últimos datos del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (OIG), de las Naciones Unidas, que coloca a RD como el país con mayor tasa de feminicidios en Latinoamérica.

Muchas se estarán preguntando qué hay de malo en que un hombre sea caballeroso. Y por supuesto, nada en lo absoluto. Sin embargo, y como expresó una de nuestras compañeras del equipo Pandora, durante una de las reuniones de contenido de la revista, “las cosas se tornan de otro color cuando se etiqueta a las mujeres como damas delicadas, vulnerables y sensibles, que deben estar bajo el cuidado, protección y atención de los hombres”.

Para entender todo esto, iniciemos por la raíz del asunto: el machismo. El Diccionario de la Academia Real Española lo define como la “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres” Tomando esto como referencia, no resulta extraño entonces que también asigne roles y promueva estereotipos de género mutuamente excluyentes que refuerzan la idea de poder y dominación masculina, y reproducen relaciones de desigualdad entre mujeres y hombres.

“El machismo es una actitud construida durante siglos a través de los sistemas de creencias culturales, religiosos y de tipo jurídico, que asignaban supremacía a los hombres en detrimento de las mujeres, quienes no gozaban de los mismos derechos. Una situación que aún persiste. Todavía encontramos sociedades donde las mujeres son excluidas y discriminadas por su condición de género”, nos dice de entrada nuestra entrevistada, Soraya Lara, psicóloga, terapeuta familiar y presidente del Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (PACAM).

Profundizando en sus orígenes, nos percatamos que los aspectos culturales son fundamentales en la comprensión de este fenómeno y en su abordaje,  con miras a la deconstrucción de las conductas machistas que incitan a la violencia. “Mitos y prejuicios instalados en el sistema de creencias contribuyen en su perpetuación; también la asignación de estereotipos polarizados que definen a los hombres y a las mujeres con atributos exclusivos, asumidos inflexiblemente que naturalizan la violencia”, explica Lara, quien para ilustrarnos mejor lo dicho, nos cita algunos de los mitos construidos que han pasado de generación en generación: “Algo hizo ella para que la agredieran”, “Ella se lo buscó”, “Le gusta que la golpeen”, “Si se queda es porque le gusta”. Otros que justifican la violencia, son: “Él es el hombre de la casa”, “Golpea por problemas económicos, estrés laboral, problemas familiares”… Estas distorsiones cognitivas, acerca de la mujer y la violencia, justifican la construcción social de las féminas como un objeto de posesión del hombre, al que ella tiene que someterse y dejarse controlar.

¿Cómo enfrentarlo? La forma idónea de desmontar el machismo es a través de la implementación de políticas públicas que comprenda la transversalidad del género. “Actualizar las leyes que favorezcan la inclusión de la mujer como ente activo del desarrollo socio-económico, su participación en puestos de relevancia política que favorezca a las demás, así como su protección ante las situaciones de vulnerabilidad, entre ellas la violencia”, dice la especialista, quien desde el PACAM trabaja muy de cerca casos de esta índole… Erradicarlo en una sociedad como la nuestra sería posible con iniciativas que favorezcan la eliminación de los prejuicios y discriminación que predominan contra la mujer. “Es de vital importancia la inclusión de las mujeres y de los hombres concienciados que favorezcan alcanzar la igualdad”, puntualiza.

Caballerosidad y machismo. La cultura machista está tan interiorizada, arraigada, normalizada e institucionalizada, que seguramente muchos tendrían problemas para percibirla. Y conversando con nuestra entrevistada acerca de si entiende que detrás de la caballerosidad puede ocultarse cierta tendencia machista, nos responde con un “sí” y “no”, a la vez. ¿Por qué? Para ella, la caballerosidad es un patrón conductual de amabilidad. Ahora bien, si hablamos de un machista narcisista que busca galantear y seducir con el fin de atrapar a una mujer y poseerla como un objeto de explotación emocional y sexual, es distinto.

De ahí nuestra premisa original, ya que los roles condicionados por la cultura imperante se articulan desde la complementariedad del poder en las relaciones, dominio-control (hombre) y sumisión (mujer). “Ambos fueron condicionados a cumplir roles estereotipados que se oponen entre sí, concediendo mayor autonomía y derechos a los hombres”, resalta la miembro del PACAM.

Si ahondamos un poco más en el término caballerosidad, nos daremos cuenta de que es sinónimo de cortesía, nobleza, distinción… ¿Acaso son cualidades exclusivas del hombre, como parece señalar? Sin embargo, la sociedad no hace referencia a mujeres “caballerosas”, precisamente porque la caballerosidad identifica a un género.

En este aspecto, el aporte de las luchas feministas es importante, pues han promovido la inclusión de la perspectiva de género en la agenda política, que ha revelado la asimetría de poder entre el hombre y la mujer.  “Las feministas han luchado para que la mujer goce de los mismos derechos humanos que el hombre. Y sobre todo, son las pioneras en denunciar que la violencia contra la mujer es un ejercicio de poder, control económico, sexual…”, añade la psicóloga y terapeuta familiar.

Si el objetivo es construir una sociedad más humana, justa y menos egoísta, debemos empezar por hablar de cortesía/amabilidad y no de caballerosidad, como una característica de las personas y no de los géneros.

CABALLEROSIDAD COMO TERMINO UNIVERSAL. Debemos estar claros de que no se trata de ir en contra de ceder el asiento o abrir la puerta, a una mujer, más bien, ser amables con la gente en general, especialmente con quien parezca necesitarlo.