En busca de nuestro lugar seguro

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Por Alexandra G Roca Ilustración TrifonenkoIvan

“La terapia no suele funcionar cuando el paciente va obligado”, Roxana G. González .

“Todo el mundo debería ir al psicólogo; el mundo fuera mejor si la gente lo hiciera”. Es una frase que he escuchado en distintas ocasiones de una amiga muy cercana. Para ella, este año ha parecido una montaña rusa, y apenas vamos por el cuarto mes. Allegados han pasado por situaciones difíciles, como la ruptura de una larga relación que tenía miras a futuro, problemas de salud o divorcio, entre otros, que los han llevado a acudir a terapias psicológicas.

Seamos honestos, por más que nos apoyemos y confiemos en quienes nos rodean, siempre encontramos opiniones con un toque de juicio moral y personal, dadas las experiencias propias… y es normal, pues somos humanos. “Siempre es bueno tener ese amigo con quien hablar, pero él lo va a hacer desde el amor, desde el corazón y de forma subjetiva”, explica la psicóloga clínico-infantil, terapeuta familiar y de pareja, Roxana G. González.

Por alguna razón determinada parecemos sentirnos más a gusto o escuchar más fácil a una persona externa que no esté involucrada en lo que está pasando, porque aunque nos digan lo mismo que ya habíamos escuchado, de ellos parece ser una opinión más atinada y lógica.

González, fundadora del centro Terapia Boutique, explica que el terapeuta es más objetivo y como experto de la conducta humana, de las emociones y de trastornos de situaciones, está para guiar al paciente a encontrar una salida y solución a su problema.

Primer paso

A cada quien le toca vivir situaciones distintas, y no por eso hay mayores o peores, pues el problema de cada quien siempre es el más grande, porque es lo que conoce, así que siempre es válido asistir a terapia. Según explica González, el motivo más común por lo que las personas buscan asistencia es porque se encuentran en un punto de su vida en el que no saben cómo manejar lo que les pasa. Todo parece salirse de control y el sentimiento de tristeza, depresión y/o ansiedad se vuelve abrumador y recurrente, manifestándose de distintas formas (falta de sueño, mala alimentación…).

El primer paso es reconocer que hay un problema que afecta y necesita orientación.

En el libro 500 preguntas a un psicólogo, Jorge Barraca explica la utilidad de esta disciplina “para afrontar determinadas dificultades vitales – que no pueden considerarse trastornos– como, por ejemplo, la tristeza por la muerte de un familiar, pérdida de empleo, separaciones, dificultades con los hijos, entre otros”.

De su parte, la psicóloga explica que el rol principal de los profesionales del área es ser una herramienta que guie a las personas a darse cuenta de lo que les está sucediendo para encontrar la mejor salida según sus circunstancias. “Un buen psicólogo no crea pacientes dependientes, sino que les enseña a buscar su propio medio para salir adelante. El rol del psicólogo es también ver dónde está la situación y si hay un trastorno a diagnosticar, no etiquetar”, señala la también experta en psicología bariátrica.

Diferencia entre psicólogos y psiquiatras

Aunque los dos trabajan la salud mental, el psiquiatra es médico, el psicólogo no. Por ejemplo, el primero solicita análisis de sangre, pruebas de laboratorio y estudios, y cuando es necesario, medica con antidepresivos somníferos, entre otros.

Por su parte, el psicólogo puede detectar el trastorno y ayudar al paciente sin la necesidad de medicarlo. Sin embargo, hay en casos en los que uno de los dos no es suficiente, sino que ambos trabajan juntos en beneficio de la persona.

“Hay que estar muy cuerdo para cruzar el umbral de la consulta de un psicólogo por primera vez. Justo en ese momento en el que el mundo se desmorona y la cabeza se tambalea, cuando la vida asusta, abrirse ante un desconocido es uno de los actos más valientes que existien”. Javier Cid, periodista de El Mundo.

 

Cuándo ir…

González brinda cinco pautas para saber cuándo necesitamos pedir ayuda:

1 Si de forma inconsciente estamos alterando nuestro día a día.

2 Si nuestro sueño es interrumpido por preocupaciones o sensaciones de forma continua.

3 Si nuestro comportamiento varía por una situación, y ésta se convierte en el centro de todo lo que pensamos y hacemos.

4 Cuando nuestro estado de ánimo se ve afectado, ya sea porque está muy elevado o por el contrario, muy bajito, y nos impedide hacer ciertas cosas.

5 Si tenemos pensamientos que no sabemos cómo manejar..