La ansiedad: un mal que actúa en silencio

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Por Pandora RD / Imágenes: Shutterstock

Si la tomamos por su definición, la ansiedad es un estado de agitación, inquietud y zozobra del ánimo, causada normalmente por situaciones justificables. Es un estado que de manera natural y desde los inicios de la humanidad, funciona como reacción instantánea y defensiva ante el peligro. Esto no debemos confundirlo nunca con lo que hoy conocemos como el trastorno de la ansiedad.

A diferencia de la ansiedad que experimentamos en situaciones peligrosas, como en un robo, un asalto, un desastre natural, la preocupación por el bienestar de un ser querido después de un accidente, el trastorno de la ansiedad generalizada ocasiona esta misma reacción, a quien lo padece, como defensa a un peligro inexistente, así lo afirma el catedrático español en psicología clínica Enrique Echeburúa.

Actualmente el trastorno de la ansiedad en general afecta a hasta un 18% de la población estadounidense y a un 20% de la población española y se clasifica en diferentes renglones: trastorno de la ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad social, de pánico, obsesivo-compulsivo, estrés post traumático, estrés agudo y trastorno fóbico.

“En comparación a otros pacientes con trastornos de ansiedad, es menos frecuente que los pacientes con trastorno de ansiedad generalizada (TAG), busquen tratamiento, quizá porque este trastorno causa una menor perturbación o porque las personas lo acepten como una forma de ser”. Esto lo afirma Arturo Bados López, psicólogo especialista en psicología clínica y profesor de la Universidad de Barcelona, en su texto académico sobe este tipo de ansiedad en específico, y por su carácter cotidiano y normalizado lo elegimos para indagar:

 

Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)

Según explica el Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos, se trata de un trastorno que afecta a aproximadamente 6.8 millones de adultos estadounidenses y el doble de mujeres que de hombres. Se desarrolla gradualmente y puede comenzar en cualquier punto del ciclo de vida, aunque los años de mayor riesgo son aquéllos entre la infancia y la mediana edad.

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Quienes lo padecen pasan el día llenos de tensiones exageradas, incluso cuando hay poco o nada que las provoque. Usualmente estas personas esperan desastres y están demasiado inquietos por asuntos de salud, dinero, problemas familiares, o dificultades laborales. En ocasiones, el simple pensamiento de cómo pasar el día produce ansiedad.

Parecen incapaces de liberarse de sus preocupaciones, a pesar de que usualmente son conscientes de que su ansiedad es más intensa de lo que amerita la situación. No se pueden relajar, se asustan con facilidad, y tienen problemas para concentrarse. Con frecuencia, tienen dificultad para dormir o mantenerse dormidas.

Los síntomas físicos que con frecuencia acompañan la ansiedad incluyen fatiga, dolores de cabeza, tensiones musculares, dolores musculares, y hasta pueden llegar a tener dificultad para tragar, padecer temblores, tics nerviosos, irritabilidad, transpiración, náuseas, mareos, necesidad de ir al baño con frecuencia, sensación de falta de aire, y repentinos acaloramientos.

A una persona se le diagnostica con este tipo de trastorno de la ansiedad cuando se preocupa excesivamente acerca de diversos problemas de la vida diaria durante por lo menos seis meses.

 

Causas

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Hay diversas variantes que oscilan entre las causas de este tipo de trastorno. Si bien los genes pueden jugar un rol en ello, el psicólogo español Bados López confirma que fuera a pequeña escala. Así mismo, se le asocia el TAG al estrés regularmente al estrés, sin embargo, aunque el estrés siempre genere ansiedad, quienes sufren de trastorno de ansiedad generalizada, no siempre presentan estrés.

Bados López en su extenso texto sigue explicando que muchas veces este desorden puede vincularse a traumas en la adolescencia o niñez de la vida del afectado o de la afectada, como por ejemplo. vivencias de rechazo por parte de los padres. También puede darse tras experiencias traumáticas como las agresiones sexuales o físicas y acontecimientos emocionales con familiares y amigos.

Tratamiento

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Para el tratamiento de este trastorno se puede llegar a utilizar formas específicas de psicoterapia, es decir, ayuda profesional, usualmente acompañada de medicamentos. Sin embargo, estudios también apuntan que la psicoterapia cognitiva es también efectiva. Esta parte de la postura de que las personas sufren por como interpretan los sucesos, no por los sucesos en sí, es decir que en lugar de la ingesta de medicamentos, el o la psicoterapeuta ayudará al paciente a recuperarse conduciéndolo a llegar a interpretaciones más funcionales de los sucesos.

Así mismo, tampoco se descarta que las técnicas de reducción de estrés ayuden, por ejemplo: técnicas de relajación y de respiración profunda, mejor manejo y organización del tiempo y tareas, meditación, y ejercicio físico. También cambios en la alimentación: reducir o parar la ingesta de café, bebidas estimulantes, alcohol y bebidas con cafeína.

Cinco preguntas útiles para saber si preocuparme es inadecuado

Desarrolladas en 1992 por  Craske, Barlow y O’Leary
  1. ¿Te preocupas por cosas sobre las que, según reconoces, la mayoría de la gente no se preocupa?
  2. ¿Encuentras muy difícil dejar de preocuparte y, en consecuencia, no puede relajarte?
  3. ¿Tu preocupación raramente da lugar a alcanzar una posible solución para un problema particular?
  4. ¿Crees que si no te preocupas, sucederá realmente un acontecimiento terrible?
  5. ¿Te preocupas por no preocuparte o te preocupas cuando las cosas te van bien en la vida?