Lo bueno y lo malo… ¿Circunstancias de la vida?

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Por Leandro A. Sánchez  Ilustración MJgraphics

Rosa Emilia nació en el seno de una familia humilde a orillas del río Ozama. Desde temprana edad mostró aptitudes intelectuales que prometían mucho, sin embargo, por razones económicas sus padres se vieron forzados a iniciarla en las labores domésticas de su hogar, entre ellas y la de más responsabilidad, cuidar a sus tres hermanos, con apenas 10 años de edad. Esta realidad la condicionó de tal forma que, con mucho pesar tuvo que abandonar su mayor sueño: estudiar por un mañana mejor. No obstante, por más oscuro que el camino se vislumbraba ante sus pies nunca perdió la esperanza. Entendía, tras la lectura de uno de los tantos libros que habían pasado por sus manos, que el resultado final de todo lo que nos sucede depende de la actitud con que asumamos lo que llama a la puerta.

Entonces, partiendo de la realidad de Rosa Emilia, ¿podríamos decir que somos dueños y hacedores de lo que nos depara el futuro? ¿Que lo bueno y lo malo depende en cierta medida del cristal con que se mire?

Si lo pensamos fríamente la respuesta sería un rotundo “no”, pero en cierta medida es afirmativa. Es como expresó en unas de sus apariciones públicas el Premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago:El ser humano no es ni malo ni bueno. Son las circunstancias. La gente, salvo alguna excepción patológica, no nace buena o mala. Hay una genética, pero también hay una educación, unas circunstancias. Si uno nace en un pueblecito perdido, aunque tenga una inteligencia extraordinaria, se quedará allí. Hoy vivimos en un ambiente de drogas, delincuencia… en un ambiente como este es muy fácil resbalar”.

A él lo corrobora el personal coach certificado por The International School Of Coaching (TISOC), Gerardo Fernández, amparado en el famoso “Yo soy yo y mi circunstancia”, frase del filósofo español José Ortega y Gasset.Cuando alguien dice esto quiere decir que no todo lo que le sucede depende de él, que no es del todo responsable porque también ha influido el contexto”, dice Fernández. Pero, ¿es una forma de excusarnos, de no ser responsables de lo que somos?

“Por circunstancia entendemos lo que está a nuestro alrededor, lo que nos circunda; forma parte intrínseca de nuestro ser. Esto quiere decir que si cambia el medio, igual nosotros,  y viceversa. Ahora bien, los seres humanos tenemos logos (pensamiento). De ahí que le buscamos sentido a las cosas y nos preguntamos el porqué y el cómo de lo que somos”, explica el experto.

Y es que la vida está llena de matices y situaciones, de giros inesperados, decisiones, obstáculos y pruebas por superar. “Nadie se escapa de eso”, afirma Fernández. No obstante, dice que un determinado evento puede significar un proceso de fortalecimiento, a pesar de que no sea nada grato; mismo que en otra persona quizás se convierta en una verdadera desgracia, una carga demasiado pesada que la lleva a no soltar de la mano la desesperación, tristeza, odio, resentimiento y desdicha. “Todo es cuestión de enfoque”, puntualiza.

Desde siempre hemos escuchado que lo importante no es lo que nos sucede sino con qué actitud reaccionamos ante las vicisitudes de la vida, a qué tipo de pensamientos y palabras recurrimos para salir adelante. “Por ejemplo, apenas llega una enfermedad, divorcio, pérdida de trabajo, problemas económicos… lo primero que hacen las personas es entregarse a la queja, se preguntan constantemente porqué a ellos, qué hicieron para merecerlo; se ofuscan, se irritan, se enojan. Otras, en cambio, agradecen; se concentran en visualizar que la situación será temporal, por lo que intentan entender qué deben aprender de la misma, pues son conscientes de que lo sucedido es consecuencia de decisiones tomadas. Entonces, es un buen momento para reflexionar, si ese es el caso, de qué manera tenemos que redireccionar nuestras vidas”, manifiesta el personal coach entrevistado.

En referencia a lo anteriormente citado, podemos ver que, aunque lo bueno y lo malo que nos sucede, en cierta medida “no depende 100% de nosotros”, sino de múltiples factores, es una oportunidad para conocer a fondo nuestro potencial, como bien dijo Viktor Frank: “Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

El escritor de best sellers, doctor James Dobson, en su libro Cuando lo que Dios hace no tiene sentido, comenta: “Si es verdad que a menudo los tiempos difíciles producen firmeza emocional y física, entonces también lo opuesto tiene que ser cierto. Y en realidad, lo es. Con frecuencia la vida fácil y la abundancia producen una profunda debilidad”. Esto tiene relación con lo que desde hace un tiempo los biólogos han llamado “ley de la adversidad”, que obra en plantas y animales. “A pesar de lo extraño que parezca, el bienestar habitual no es provechoso para ninguna especie”, destaca el autor.