¿Qué tan positivo es planificar tanto?

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Por Leandro A. Sánchez Foto Anna Efetova

Conocí a Sofía una tarde de otoño. Es del tipo de personas con las que me gusta compartir: visionaria, centrada, con los pies sobre la tierra… Mi asombro por ella fue tal que a los pocos días la invité a tomar un café para empaparme de su accionar; ver de qué manera podía cumplir todo lo que se proponía. Algo que a mí, actualmente, me estaba costando sobremanera. Encantada aceptó mi invitación y quedamos. Una vez reunidos iniciamos una charla que resultó más enriquecedora de lo que jamás hubiese imaginado, sobre todo porque me enseñó a detectar lo que no deja avanzar a unos cuantos: su obsesión por la planificación. Una cualidad que promueve el ser muy meticulosos a la hora de llevar a cabo cualquier asunto. Por eso no resulta extraño que sean apasionados de las agendas, molesquines, planificadores… o como quieras llamarles.

Ante esta realidad sólo atinó a decirme:

“Hay que dejar de planificar tanto, no apegarse a ello… verás como todo comienza a fluir”.

Lo dicho caló en mí de tal manera que lo he adoptado como una filosofía de vida. Pero ojo: no quiero decir con esto que el planificar sea una mala idea. No lo tomes tan literal, pues sí nos impulsa a seguir adelante.

Con lo anteriormente dicho concuerda el coach personal, ejecutivo-corporativo y de equipos, Frank Romero, quien sostiene que el mayor beneficio del planificar en cualquier ámbito, sea personal o profesional, es que mediante este proceso la persona logra centrar su cerebro en la meta que desea conseguir, lo que conlleva una mayor focalización hacia los resultados… El especialista destaca otros beneficios, entre ellos: el poder encontrarle sentido a la vida y reconocer los logros alcanzados. Además, sirve de mapa esquemático para esbozar qué se quiere, qué hacer y por dónde comenzar, así como desglosar objetivos, estrategias, planes de acción y seguimiento.

Pero, ¿qué se debe tomar en cuenta para que resulte exitoso el planificar? Romero (@fkromero, en Instagram) considera fundamental el formularse metas objetivas, alcanzables y realistas. Pero sobre todo, que se quieran lograr; no desmayarse en el intento. Y cuando surjan situaciones inesperadas, seguir intentándolo hasta alcanzarlas. “No tenemos una bola de cristal a través de la cual donde podamos predecir el futuro o prevenirlo, pero si algo no está dando el resultado esperado debemos cambiar el ‘cómo’ hasta lograr lo deseado”, agrega.

Manos a la obra

Una vez tengas definidas tus metas es hora de planificar el proceso para hacerlas realidad. Y aunque no hay formula específica para cada una de ellas o para cada quien, lo ideal es escribirlas, leerlas, acariciarlas, releerlas cuantas veces sea necesario, nunca abandonarlas.

Ya escritas toca el turno de los plazos, cómo manejar los tiempos... es decir, elegir el período ideal para cumplir lo pautado. “Eso depende de cada quien, de la meta que se proponga, de su deseo de querer hacer las cosas, de la forma de empoderarse, de los logros que ha tenido en el pasado al asumir retos, de los tiempos que le conllevó alcanzarlos. Con esto la persona tiene una idea de cómo maneja el tiempo en su vida y puede adaptarlo a la meta que quiere lograr”, dice nuestro entrevistado. Por esta razón, sólo tú, partiendo de tus realidades y vivencias serás capaz de hacer los ajustes de lugar. Y si por alguna razón, motivo o circunstancia las cosas no resultan como esperabas… ni se te ocurra “tirar la toalla”. Lo ideal es buscar otras alternativas que funcionen contigo hasta que logres lo que quieres. “No soy de los que recomiendan el abandonar lo soñado. Por lo regular, esto sucede cuando no es una meta tan importante o cuando en el trayecto, un evento propició desmotivación hacia los objetivos establecidos”, expresa Romero.

Adiós al intento fallido

A diario nos percatamos de cómo lidia la gente con el “mucho planificar pero sin ejecutar”. Es un “mal” que inconscientemente y cada vez más se apodera de nuestra sociedad, trayendo consigo desmotivación, falta de interés o la temida depresión. Pero, ¿qué puedes hacer para que no toque tu puerta? “Lo ideal es no cargar nuestra lista de planes; ir de lo primordial a lo que puede esperar un tiempo. Escoger las metas de forma realista; iniciar con un número reducido e ir añadiendo otras según se vayan concluyendo las previas”, explica Frank Romero, certificado internacional por The International School Of Coaching, escuela europea líder del sector.

Si te encuentras en el círculo vicioso del planificar sin actuar, Romero dice que tener un tiempo a solas para pensar, visualizar y meditar las metas es el primer paso que debes dar. Agrega que una de las técnicas que te pueden ayudar sería la de dibujar un elefante (representa la meta lograda) y fraccionarlo; cada una de las partes representa los pasos que irás dando hasta completar tu “elefante”. Y aunque podrías ver esta acción como algo muy sencillo o superficial, “esto te ayudará a tener un mayor enfoque y escoger las micro-metas necesarias que se alinean con tu gran meta”, puntualiza.

Además, es importante recordar que ante el proceso de planificación es vital no dejarse llevar por el impulso de planear más de la cuenta, pues se tiene la creencia de que mientras más detallado es el plan se tiene un mayor control la situación, sin saber que esto no es más que una ilusión, ya que nunca podremos controlar todos y cada uno de los detalles posibles.

“El no cumplir una meta puede traer consigo frustración, desmotivación, poco interés y/o deseo de seguir con los planes actuales o futuros”. Frank Romero, coach personal, ejecutivo-corporativo y de equipos.