El amor es lo que haces, no lo que dices

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Por  Alexandra G. Roca  Ilustración principal ya_blue_ko Fotos e ilustraciones de apoyo  Shutterstock

Cuántas veces has escuchado la frase “Ámate como eres”, o las palabras “acéptate”, “quiérete”… como si las palabras fueran un hechizo mágico con efecto inmediato. El concepto de amor propio ha ganado mucha popularidad en los últimos años, promovido por una sociedad más consciente e inclusiva que busca equidad y libertad. Quizás algunas, con el tiempo, han podido entender de qué se trata y aplicarlo a su vida, y otras se han enfrentado a la desilusión de que amarse, quererse y aceptarse no es tan “blanco y negro” como se pinta.

Como fieles creyentes de que desarrollar el amor propio nos ayuda de forma eficaz a vivir una vida más presente y plena, abordamos con una serie de preguntas a la psicóloga clínica, Eva Herbert, quien también es Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer y fundadora de Beauty Value, la primera plataforma profesional de autoestima para mujeres de Latinoamérica.

A veces, cuando hablamos de amor propio, se siente como si estuviésemos socialmente autopresionadas por aceptarnos tal cual somos, y eso puede generar cierta ansiedad o estrés, porque para la gran mayoría no es tan sencillo. ¿Cómo pudiéramos iniciar el trayecto de la autoaceptación sin crearnos esa presión?

Nuestra cultura juzga mucho las decisiones individuales, y eso dificulta nuestro proceso porque estamos actuando más por lo que quieren los otros que por lo que nosotras queremos.

Lo primero es entender que la presión es social, porque como seres humanos no nacemos sabiendo que debemos cumplir con ciertos preceptos, y tenemos un proceso que se llama socialización primaria, donde aprendemos de mamá, papá y nuestra familia cercana. Luego, la socialización secundaria, donde aprendemos de nuestra escuela, la cultura del país donde vivimos, las normas sociales que nos van enseñando cómo comportarnos, y poco a poco nos vamos llenando de esto.

A diferencia de los niños, las niñas aprenden a tener la mirada del otro, porque desde pequeñas nos dicen que debemos cuidarnos de las medias sucias, de caernos, de ensuciarnos… mientras que a los niños no se les hacen comentarios al respecto. Esas pequeñas restricciones en relación a nuestra vestimenta, nuestro peinado, a cómo nos comportamos, van haciendo que la mirada del otro sea importante para nosotras y seamos más propensas a seguir modas y tendencias, y en este momento, el amor propio es un tema que está de moda, y nos sentimos presionadas a seguirlo.

Es difícil iniciar ese trayecto sin crearnos esa presión porque le damos demasiada importancia a lo externo, a lo que piensan los demás. Para nosotras es muy valioso lo que tiene para decir nuestra mamá, familia, pareja… Quitarle la presión implica bajarle volumen a los comentarios u opiniones que los demás tienen sobre nosotras.

¿Por qué ponemos mayor énfasis en el físico? Porque es lo más fácil o superficial, es lo menos doloroso. Es mucho más fácil, por ejemplo, si necesito tener menos celulitis ponerme a hacer ejercicio o comer un poco más saludable, que si yo tuviese que cambiar, por ejemplo, cuánto me critico a mí misma. Porque vivimos en una cultura superficial en la que importa más cómo te ves a cómo te sientes. Eso hace que nosotras le pongamos mayor énfasis a lo físico, cuando en realidad la inseguridad o lo que realmente nos afecta está muy por debajo.

Por eso veo con frecuencia que, por ejemplo, una paciente se siente insegura respecto a sus pechos, se opera, y luego la inseguridad migra a otra parte del cuerpo y comienza a ver que su nariz no es tan bonita o que su cabello no es tan liso. Lo que cambia es a dónde se va sintiendo insegura a lo largo de la vida, y por eso vemos a personas que están tan preocupadas por su físico de diferentes maneras.

Lograr amarse a una misma…¿Es algo que uno se levanta un día y simplemente está, o es un trabajo diario?

El amor propio requiere de un camino bastante largo que no nos dicen en ningún lado. Con las redes sociales pareciera que con decirte “quiérete”, “ámate” o cosas bonitas frente al espejo tú ya vas a empezar a amarte, y la verdad es que no es así. El proceso de amarnos es bastante complejo; de hecho, son tan pocos los libros, los autores y las referencias para hablar del tema que yo no estoy muy segura de dónde las personas que dan consejos al respecto sacan tanta información.

Tengo más de seis años investigando esto, y todavía me cuesta comprender el concepto. Lo primero es entender que los seres humanos tenemos una serie de necesidades, y esas necesidades deben estar cubiertas antes de nosotros pasar a hablar de amor propio, por ejemplo, si acabas de migrar a un país, tú difícilmente vas a estar pensando en amarte. Seguro estás pensando en conseguir los documentos que aseguren tu legalidad allí, entre otras cosas.

Por otro lado, el amor propio es una necesidad: todas las personas queremos amarnos luego de cumplir las otras necesidades que están en la Pirámide de Maslow, lo que pasa es que creemos que no nos queremos porque la sociedad nos ha enseñado a pensar que es así, pero si nos vamos a una situación de supervivencia en la que te tocará correr por tu vida, créeme que correrías tú primero antes que los demás, y ahí ves que nosotros mismos nos amamos de manera natural, pero como somos seres culturales, se nos ha enseñado lo contrario y eso dificulta que te veas como una prioridad.

Por eso, es un trabajo diario, no es algo que aparece cuando te levantas. Creo que si tuviera que dar una recomendación al respecto sería comenzar a tener pequeños actos de amor propio que te acerquen cada vez más a ser cónsona contigo, a sentirte mejor, porque nos hemos acostumbrado a sentirnos mal: estar tristes o vivir en automático (levantarnos, hacer lo que tenemos que hacer, nos acostamos a dormir y así pasan nuestros días una y otra vez).

Enamorarte de ti misma es como hacerlo con otra persona: implica conocer a la persona, aceptarla con sus defectos y virtudes. Yo le llamo “el proceso de la primera cita”, y es tan importante contigo como lo es con los demás.

 

21 pequeñas –y no tan pequeñas– acciones que representan amor propio

  1. Regalarte unas horas de conocimientos nuevos, puede ser de un libro, audiolibro o TED Talk.
    2. Hacer ejercicio, escogiendo la modalidad que más te agrade y en el lugar de tu preferencia.
    3. Salir a caminar al aire libre mientras miras la naturaleza o la ciudad.
    4. Cocinar un plato que te encante, y si es saludable mejor.
    5. Dibujar, colorear o escribir libremente.
    6. Inscribirte en algún curso o clase en la que siempre quisiste estar.
    7. Atender tu cuidado personal, bien sea con un baño de crema hidratante para tu cabello, una exfoliación para tu piel o una manicure/pedicure.
    8. Mirar una película o stand-up de tu agrado y que te permite desconectar por unos minutos.
    9. Empezar un diario y escribir lo que sucede en tu día a día con la finalidad de conocerte un poquito más.
    10. Pedir ese platillo de comida que tanto te gusta y saborearlo en una cena solo para ti.
    11. Tratar de disfrutar de un momento a solas.
    12. Probar la meditación.
    13. Darte un buen masaje relajante.
    14. Rodéate de esas personas que te alegran el día.
    15. Ahorrar y cuidar tus finanzas.
    16. Hacer un viaje a un lugar que te encante, al que hayas ido o quieras ir, incluso dentro de tu país.
    17. Cuidar tu sueño. Inspecciona cómo estás durmiendo y si te levantas descansada.
    18. Organizar tu hogar.
    19. Darte de baja de suscripciones a emails, salirte de grupos de WhatsApp o eliminar personas en redes sociales que te hacen sentir mal.
    20. Plantar una matita y cuidarla.
    21. Si hay algo que se empezó y encantó, terminarlo.

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