Soy adulta y acabo de descubrir que tengo autismo

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Por: Pamela Toribio Foto: Fuente externa 

Te imaginas pasar toda tu vida pensado que tu alto nivel de distracción o tu dificultad de interacción social es simplemente eso  y que de buenas a primeras te digan que tienes autismo. Esto le ha ocurrido a miles de personas alrededor del mundo que han detectado en la adultez que se encuentran dentro del espectro autista.

¿Cómo se identifica? Conversamos con la especialista en atención temprana e intervención ABA en Autismo, Karla De Windt, directora del Centro Aprendo, quien nos explicó los principales comportamientos que pueden ser voz de alerta.

Los más comunes son los asociados a la interacción o comunicación social y las emociones:

Comunicación. Dificultad para entender señales sociales, sostener una conversación o amistades y dificultad para mirar al otro a los ojos.

Emociones y dificultades conductuales. Regular emociones, trabas para aceptar cambios en rutinas o respuestas sociales, disgusto y/o enojo cuando mueven tus objetos personales, rutinas y horarios rígidos.

Otros pueden ser hiper o hipo sensibilidad sensorial, preferir estar solo que compartir tiempo con los demás y ser apasionado en intereses específicos.

 

El diagnóstico

La mayoría de los casos de diagnóstico tardío se deben a haber recibido otros erróneos en otras etapas de sus vidas, muchos piensan que son depresivos, que tienen trastorno límite de la personalidad o dispraxia. Lo cierto es que para muchas de estas personas saber que son autistas es un alivio, porque pueden dejar de lado la ansiedad y por fin entienden la razón de sus comportamientos y actitudes.

Para diagnosticar autismo en adultos la prueba más común es el ADOS -2, que es básicamente  la misma que se usa para niños. Se trata de una escala estructurada con cuatro módulos, cada uno destinado a personas con una edad cronológica y un nivel de lenguaje determinado. Además de utilizar la prueba, también se deben hacer entrevistas,  cuestionarios y recolectar información mediante una buena historia clínica donde se evidencien síntomas en la infancia, historia familiar, etc.

No obstante, un instrumento de evaluación nunca debe ser la única fuente a usar para un diagnóstico. Lo más recomendable es contar con un equipo multidisciplinario: psicólogo para evaluar, neurólogo para descartar cualquier afección neurológica y finalmente psiquiatra para confirmar diagnóstico.

Existen casos donde se reciben diagnósticos erróneos. Aquí, la experta expresa que puede influir la falta este equipo multidisciplinario en el proceso.

En los adultos que no han recibido un diagnóstico en su infancia sus síntomas se pueden confundir con trastornos del estado de ánimo, ansiedad, psicóticos y de la personalidad.

Aunque lo ideal es identificar el autismo desde la primera infancia, nunca es tarde; los adultos se pueden tratar con terapia cognitivo conductual, psicoterapia, consejería, tratamiento basado en psicofármacos para síntomas como ansiedad, depresión y problemas de comportamiento que pueden ocurrir junto con un diagnóstico de autismo.

Si estás presentando dificultades en la manera en que te percibes a ti misma, a otras personas y eventos; en tus respuestas emocionales, relaciones cotidianas, en el control y la falta de impulsos debes buscar ayuda, pues esto te impedirá tener un desenvolvimiento funcional.

Tener esta condición o a un ser querido cercano que lo padezca no debe ser motivo de alarma. Existen muchas personas que aún siendo autistas tienen una vida cotidiana activa como cualquier otra, un ejemplo de ello es el empresario Bill Gates. Recordemos que el término “espectro” en el trastorno autista se refiere a un amplio abanico de síntomas y gravedad.

Testimonio femenino

Lucy Edwards, de la BBC, recogió el testimonio de mujeres en Reino Unido que no llegaron a conocer su condición hasta que fueron adultas. Tal es el caso de Hannah, quien fue diagnosticada a los 23 años y explica que mujeres y niñas suelen sentir un impulso natural para ser aceptadas socialmente, así que los síntomas que presentan no son estereotípicamente autistas. Pueden sentirse obligadas a hacer amistades, de manera que aprenden a imitar a las personas no autistas. “Por ejemplo, yo tenía dificultades manteniendo contacto visual pero he aprendido a controlarlo. Aparto la vista unos segundos y luego la regreso”. En su testimonio ella explica que estudió psicología para conocer el comportamiento natural de una persona y que a través de los años ha ido aprendiendo sobre el repertorio social.

Un dato importante a destacar es que el género masculino tiene cuatro veces más probabilidades de ser identificados con autismo que el femenino. El año pasado la CDC (Center for Disease Control and Prevention), publicó que 1 de  cada 54 niños en EE.UU. tienen autismo.

 

 

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