Stephanie Briones: ‘‘No estoy aquí porque soy mujer, pero el que sea mujer y este aquí es importante’’

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, Entrevistas

Por Penélope Adames O.

 

La noche del 14 de abril del 2019 una nación caribeña señalaría a una de sus pioneras. A sus 32 años de edad y respaldada por la trayectoria que casi alcanza una década, Stephanie Briones recibió el reconocimiento Mujeres en el cine, otorgado durante la IV edición Los Premios Iris Dominicana Movie Awards, como la primera dominicana en ejercer la labor profesional de foquista y operadora de cámara.

Briones es una de las figuras más imponentes, apreciadas y asertivas de su gremio. Hoy, conversamos con ella.

 

¿Cómo fue el primer día de rodaje como técnico de cámara, siendo la primera mujer en ejercer esa función en la historia del cine de República Dominicana?

Después de volver de la escuela de cine, mi primer día de rodaje fue como pasante ―becaria― en un comercial para TV en el 2013. Era un rodaje muy sencillo, green screen, cámara fija, un solo asistente de cámara y no había mucho que hacer. Finalmente hubo un cambio de set up y no se me olvida que en mi primer intento por hacer algo, me dispuse a recoger un cable ligero SDI del suelo, y alguien lo tomó primero y me dijo “¡No hagas esa fuerza, mi amor!”.
El foquista de ese comercial, a quien había conocido en mi primera película trabajando en producción en el 2008, fue quien me introdujo unas semanas después en mi primer proyecto de película como asistente de cámara, y fue un día como cualquier otro. Cuando llegué al set fui directo a donde estaba la cámara, me entregaron una claqueta, pregunté quién era la continuista ―script― y cuando la encontré me dio un número y una letra… Amanecimos filmando hasta la 6:00 a.m.

No recuerdo nada en particular, excepto que me equivoqué muchísimo con la claqueta. Pero estaba contenta porque tenía muchas ganas de trabajar y había conseguido mi primer proyecto.

 

“No era la indicada para contar esta historia, pero nadie lo había hecho en 50 años”, fueron las palabras de la primera directora en recibir el Premio Oscar (2010), Kathryn Bigelow (California, 1951), sobre su más reciente obra Detroit (2017). ¿Eras consciente en aquel momento de ser pionera, de estar escribiendo parte de la historia?

Yo creo que al principio no. sí estaba consciente de la poca participación o poca visibilidad de las mujeres en el departamento de cámara y que no sólo pasaba en RD. Pero nunca antes me había cuestionado el hecho de ser mujer. Nunca lo vi tampoco como un obstáculo. Entonces tampoco pensé que estuviera haciendo nada extraordinario cuando empecé. Desde siempre me gustó la fotografía, quería trabajar en cámara y eso hice. Yo no veía el trabajo de cámara como un “trabajo de hombre”. Y de alguna manera se me hizo fácil integrarme. Quizás es por eso mismo que para mí ser mujer no era un tema. En ese sentido creo que tuve la suerte de tener el mejor modelo de mujer, mi madre. Es una trabajadora incansable con una gran fortaleza física y espiritual; siempre con buena disposición para hacer las cosas, pero de carácter fuerte y firme en sus decisiones. Nunca la vi dudar de su capacidad para lograr las cosas. Ese ha sido mi mejor ejemplo.

¿Qué sentimiento le revistió mientras avanzaba al escenario para recibir el oportuno reconocimiento Mujeres en el cine, como pionera en los Iris Dominicana Movie Awards 2019?

Trabajando como técnico de cámara no te esperas un reconocimiento dentro de unos premios de cine, así que la verdad me tomó por sorpresa pero me produjo mucha satisfacción. Más allá de reconocer mi trabajo, el logro que realmente representó para mí el reconocimiento de los premios Iris fue el hecho de haber podido visibilizar el trabajo de la mujer dentro de la industria, en áreas “nuevas”, en áreas consideradas para hombres y haber abierto una puerta para otras mujeres.

En un mundo dominado por el poder masculino, Alice Guy (Francia, 1873), primera autora —de entre todos los cineastas del modelo pionero de representación— en hacer cine de ficción, tuvo muy complicado el ejercicio de su vocación. ¿Cómo ha sido para ti el camino? ¿Qué cualidad se hace fundamental para el desempeño del oficio?

¡Uff!… Ha sido un viaje largo y lleno de aprendizajes. Tuve la suerte de encontrarme con muchas personas que me apoyaron y abrieron puertas. Pero también trabajé duro y me esforcé mucho. Tampoco fue fácil.

Me parece fundamental, no solo para el oficio sino para la vida misma, el estar presentes con todos nuestros sentidos, sea lo que sea que estemos haciendo. Para mí en el set de filmación es importante la disciplina, la organización y la concentración; saber siempre qué está pasando, prever situaciones, estar alerta, concentrada. También una buena comunicación dentro del departamento hace toda la diferencia. Y, como en la vida misma, hay que aprender a comunicar de manera efectiva.

¿Qué tan presente está —o de qué manera— la noción de género en el desenvolvimiento cotidiano de su vocación?

Yo creo que ya eso me acompaña siempre. Aún somos una minoría. Si bien la presencia de la mujeres ha aumentado en los diferentes departamentos, aún somos pocas. Entonces, de alguna manera, tengo eso siempre presente.

Siento que en cualquier proyecto en el que me encuentre, como mujer, el hecho de estar ahí es un statement. Y me apropio de mi derecho de estar ahí porque entiendo que el trabajo habla por ti. Es decir, no estoy aquí porque soy mujer, pero el que sea mujer y este aquí es importante.

Sí hay momentos donde sabes que existe la duda sobre tu capacidad para hacer el trabajo, porque eres mujer. Me pasó trabajando en una producción rusa donde la productora me hizo saber que, y cito , “los chicos estaban preocupados porque había una chica en cámara”. Challenge accepted! ―ríe―. Entonces tienes que demostrar que no hay problema, y que estás capacitada. Sentía esa presión a veces, esa que te dice “No te puedes equivocar”.

Su trayectoria es sólida y marcada por experiencias en contraste dentro de la isla: en una orilla, filmaciones con grandes superproducciones como Fast and Furious, The Long Song, o The Iland — Netflix— y, en el otro costado, proyectos como El Rey de La Habana y documentales de guerrilla sobre temas urgentes en las sierras de Haití y en el sur profundo de República Dominicana. ¿Cuáles protocolos de la atmósfera habitual de un rodaje habría que actualizar y cuáles existentes habría que oficializar, perpetuar?

Si hay algo que atender dentro de los sets de filmación es el tema del acoso sexual/ laboral. Es algo muy común. Son incontables las mujeres que conozco que han vivido situaciones de este tipo; es un tema que hay que visibilizar.

Hay producciones que las que te hacen firmar un contrato de no acoso antes de empezar a trabajar. Pero suelen ser producciones extranjeras. Si no cumples con estas ―¡básicas!―, estás fuera del proyecto. Punto. Es un tema de educación. Es un problema de nuestra sociedad. Pero no es tan difícil cambiar esto en nuestro entorno laboral. En la última película en la que trabajé, no solo firmamos un contrato de no acoso, fue obligatorio ver un video educativo sobre este tema. Creo que esto se debería aplicar en cada proyecto. Somos adultos y somos todos colaboradores. Estamos trabajando para el mismo fin. ¿Por qué no podemos comunicarnos con claridad y tratarnos con respeto?

 

 

Su proyecto “Reflexiones en el set” recoge las declaraciones espontáneas más francas e hilarantes de la vida en rodaje, ¿qué le mueve a la tarea de divulgar esta cara del oficio?

Soy hija de una comediante. De tal palo…

Reflexiones en el set surgió mientras nos burlábamos de nuestras miserias durante el rodaje de un videoclip que duró 24 horas seguidas, por supuesto, cuando escuchaba algo que me daba risa lo anotaba y lo posteaba en mis redes sociales (@sbrionesg y @reflexionesenelset). Y a la gente también le daba mucha risa. Siento que trabajando en esto a veces vivimos en una burbuja con nuestros propios tiempos y calendarios que nos apartan de la realidad. La película es la realidad. En el proceso de creación nos encontramos un montón de “personajes” en situaciones que solo se dan en un set de filmación. Reflexiones rescata estas expresiones típicas que surgen en el contexto. Es una compilación de citas de estos personajes, que somos todos.

Hay dos cosas que me gustan, o que hago inevitablemente: observar a la gente y escuchar lo que dice ―no importa quién sea, desconocido o no―me interesa saber cómo piensa. Es un gran estímulo estudiar los comportamientos humanos… Y también, debo confesar que me gusta hacer a la gente reír.

El próximo proyecto documental que tienes en carpeta, Amalur, es un relato íntimo y revelador sobre las etapas instintivas y conscientes de un singular proceso de parto natural en el interior del país. ¿Qué despertó en usted la atracción por retratar la perspectiva de esta familia en particular?

Silvi y Jesús ―protagonistas del documental― son personas muy especiales para mí. Me abrieron las puertas de su casa siendo una desconocida y me permitieron ser parte, muy de cerca, de uno de los momentos mas íntimos como familia y pareja. En la primera y única reunión que tuve con ellos antes del rodaje, les expliqué de qué trataba el documental y la única condición de Silvi fue poder tener el material grabado porque ella quería tener su parto filmado. Ellos me dieron total libertad para filmar.

Cuando llegué a su casa en la provincia de Monte Cristi, mi intención era registrar el nacimiento de Amalur ―su primer bebé― como parte de lo que sería el documental sobre la cultura de parto en la República Dominicana. Yo empecé a filmar su cotidianidad, retratando el proceso de preparación y nesting de la familia previo al parto. Y fue durante el rodaje que me di cuenta  que la historia eran ellos, que lo que hacía particular la historia de ese parto era que sucedía dentro del marco de esta familia no convencional.

Amalur muestra una alternativa de parto diferente a lo popularmente conocido, o aceptado. Ellos habían decidido hacerlo a su manera, habiéndose instruido, informado y empoderado para que el alumbramiento se diera dentro de las condiciones que, según sentían, eran las más seguras y favorables, en especial para SiIvi. Fue un parto humanizado, respetado, y es parte esencial de lo que explora el documental. Silvia y Jesús rompen muchas convenciones y estereotipos, por lo que fue súper interesante retratarlos.

Su reivindicación del verso poético ‘‘My mother was my first country, the first place I ever lived’’ (Mi madre fue mi primer país, el primer lugar en el que habité), de Nayyirah Waheed, forma parte del comentario al que nos expone esta evocadora obra documental. ¿Qué significado personal tiene para usted esta afirmación?

Ese verso es hermoso y me resonó mucho cuando lo leí por primera vez.

Ese verso me invita a recordar mi origen. Vengo del vientre de una mujer. El primer lugar que me acogió al venir a la tierra, durante 9 meses.

¡Es ahí donde empieza nuestra experiencia humana, donde empieza a condicionarse la personalidad! Y posteriormente el tipo de parto, es decir, la manera en que venimos al mundo y cómo somos “recibidos”, marca nuestra primera experiencia con el mundo a nivel inconsciente. De ahí esa expresión “Peace on earth begins…” (La paz en la tierra inicia). Hoy en día vivimos en un mundo violento y somos violentados desde nuestro primer contacto. Por eso es importante humanizar el parto. Honrar ese proceso natural. Puedo hablar sin parar de esto… en fin.

En mi búsqueda personal de “quién soy” y quién es este personaje que “yo” he construido, tener esa conciencia de dónde vengo y entender a la mujer que me dio a luz ha sido fundamental. ¡Porque yo vengo de ahí! ¡De esa tierra! Y me gusta mucho eso de esa frase también. Que evoca el cuerpo de la mujer como un lugar concreto, un país, una tierra. Una tierra que da fruto. Gran parte de la grandeza de la mujer es ese poder creador que da vida.

 

¿Cómo se construye la fuerza necesaria para ‘cargar’ con la cámara?

Yo creo que lo importante es atreverse. Y ya. En buen dominicano “darle para allá’’. Hay una historia que solo la puedes contar tú. Cada  uno tiene un punto de vista único. Una visión y una manera de ver y entender el mundo muy propias. Cada uno un discurso, una verdad. El objetivo es hacer lo que tengas que hacer para honrar esa verdad.

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