Elecciones a nivel emocional

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Por: Pamela Toribio Foto: Fuente externa

A días de celebrarse los comicios extraordinarios en nuestro país, mismos que conllevan el voto presidencial y congresual, llevados a cabo ante circunstancias excepcionales por las medidas a las que nos hemos tenido que someter para frenar la pandemia del COVID-19, analizamos algunos aspectos sobre el impacto de la política en nuestra salud emocional con la psicóloga organizacional y consejera de carreras de Terapia Boutique, Wendy Moronta, quien confiesa que ha tenido que responderse a sí misma, a colegas y a profesionales asesorados algunas de estas preguntas durante años.

1. ¿Puede el tema político afectarnos a nivel emocional?

Por supuesto que sí. La gran mayoría no sabe diferenciar la política de lo que es partidismo. La política no distingue si perteneces a un partido político o si simpatizas con algún candidato, pero rige todo nuestro desenvolvimiento ciudadano. Por tanto, se puede decir que su impacto emocional puede tener connotación positiva o negativa, pero nunca neutral. En estas elecciones en particular se ha visto un incremento significativo de emociones negativas hacia ambos: la política y los partidos, pues personas que regularmente no opinan sobre ella se han visto severamente afectados por el bombardeo electrónico de campaña (en buena parte desleal), y la saturación de información sin conocimiento de procedencia. Es por ello que a veces resulta inevitable estar expuestos al tema político. La recomendación sería asumir un rol propositivo y un nivel de criticidad sin fanatismos, y ajustada al bien común.

2. ¿Qué podemos hacer para ejercer nuestro derecho al voto de la manera más objetiva posible?

Leer las propuestas oficiales de los candidatos (¿sabían que se encuentran los documentos completitos en la página de la JCE?), revisar su historial profesional (ojo, no solo político, ellos como profesionales), ponderar su comportamiento cívico más allá de los tiempos de campaña, y depurar con pinzas las críticas de los contrarios para no ser caer en el juego de la campaña sucia que se ha puesto tan de moda.

3. En medio de la crisis que estamos atravesando ¿podríamos vernos afectados con los cambios que representa un nuevo gobierno?

Un nuevo gobierno nos afecta con o sin crisis, pero, a decir verdad, hemos estado en crisis como país desde mucho antes de que el coronavirus nos trancara por tres meses. Recordemos las protestas de febrero, el llamado despertar ciudadano, la hecatombe de las primarias, los reportes internacionales de la realidad dominicana. Son todos medidores de qué tanta estabilidad tiene o no la salud emocional colectiva de un pueblo. Habrá un nuevo gobierno se cambie o no el partido dirigente, lo que estaría a prueba es qué tan distinto será del que ya tenemos, y qué tanto cada quien quiera mantener el status quo actual.

4. Con el tema de la pandemia puede que haya personas que sientan miedo de ir a ejercer su derecho ¿qué les recomendarías?

Ir a votar no es solo un derecho, es un deber, igualito que ir al supermercado. Si usted pertenece a la población de riesgo (mayores, embarazadas o con condiciones de salud), se entiende que no es quien hace la compra de su casa, pues es lo mismo. Ir a votar es necesario, es importante y es requerido. Use su mascarilla, si desea agregue lentes o visera, no se toque la cara, lleve un atomizador con alcohol o gel desinfectante, cúbrase con ropa adecuada y calzado completo, manténgase al menos a metro y medio de distancia de los demás, asista a votar y cuando regrese haga el mismo proceso de desinfección que hace cuando ha tenido que salir de su casa. Pero no deje de ir a votar.

5. ¿Qué pasa por la cabeza de esas personas que piensan que “todos son iguales” y no consideran importante asistir a las urnas?

Es un estado de negación, desapego y conformismo aprendido. Ha sido una conducta aprendida por años de estar expuestos a representantes políticos que prometen y no cumplen, pero a la vez de un pueblo que veía que eso se daba y no reclamaba. Ya se ha ido alzando la voz y el conformismo ha ido mermando, además hay más jóvenes involucrados en esas decisiones cívicas.

6. ¿Qué se puede hacer para motivar a estas personas?

Busque información de activistas serios, que tratan de crear conciencia ciudadana y que emiten opiniones sin importar partido. Sepa que las implicaciones de sus acciones (no actuar es también tomar acción) nos afecta a todos, y que debemos involucrarnos por el futuro de los niños de ahora, que serán esos jóvenes que quisimos poder tener como candidatos hoy en día.

7. ¿Cuáles aspectos pueden incidir en la persona a la hora de elegir sus candidatos?

Su situación laboral y económica, su estructura familiar, su vínculo con miembros muy activos de algún partido, sus proyectos futuros y su arraigo al territorio nacional.

8. ¿Es ético votar por un partido siguiendo nuestros intereses personales?

Es inevitable que consideremos el bien propio y no sólo el bien común, pero lo ideal sería que lo hagamos entendiendo que nuestro interés personal no debe ser a expensas del bien colectivo.

9. ¿Qué pasa con esas personas que se sienten presionadas a votar por un partido o candidato específico por el simple hecho de que laboran para el gobierno?

El voto es secreto, y si al ir a votar el domingo usted siente que su privacidad está siendo invadida HABLE, no se quede callado, pues nada ni nadie tiene derecho a saber por quién usted vota. Habiendo dicho eso, si algo me ha parecido indignante han sido precisamente las connotaciones de régimen totalitario que han emitido desde el partido oficialista respecto al resultado electoral, lo que constituye una manipulación al electorado y violenta la libertad ciudadana. A eso sumémosle las promesas de la oposición de colocar a sus propios miembros en instituciones públicas una vez fueren electos: otra burda manipulación. La estabilidad laboral tiene un componente crítico en nuestra salud, y es por ello que con más razón debemos ejercer nuestro voto de manera consiente, no solo basando nuestra decisión en amenazas o promesas que no representan la realidad futura y de la cual no tenemos garantía.

10. ¿Qué tan cierto es el supuesto que indica que “las naciones tienen los gobernantes que merecen”? ¿nuestros gobernantes nos definen como nación?

Es un concepto fatalista. No está del todo alejado de la realidad, pero tiene implicaciones absolutas, y en la vida nada es absoluto. En mi opinión, nuestros gobernantes no nos definen como nación, pero la respuesta que damos a sus acciones sí, y la muestra fue el manifiesto de febrero. Alzar la voz nos dice a nosotros mismos y al mundo qué tan conformes o inconformes estamos con el accionar del gobierno y sus consecuencias en nuestro diario vivir y el futuro de nuestra nación, y qué tan comprometidos estamos en ser parte de ese destino.

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