Diaro de cuarentena de Priscilla Montero

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En ”Primera persona” contamos con la participación de la Psicóloga clínica de la salud y bienestar emocional, Priscilla Montero quién se abrió con nosotros para contarnos un momento en particular la hizo despertar y recapacitar. 

Por Priscilla Montero Foto Fuente externa 

Despierto y siento que todo, en algún momento, regresará a la “normalidad”, con esa intuición humana que nos dice “naaah, todo estará bien”.

Pero los días pasan, las horas pasan y seguimos en lo mismo. ¿Priscilla que sacas tu de esto?, ¿será que vamos a aprovechar este tiempo como se debe? Son preguntas que me hago cada mañana, acompañadas de algo que nunca cambio, mi taza de café y yo, mi negrito de todos los días, ese amargo pero dulce calientito que me decía que ha iniciado un nuevo día. Realmente lo disfruto, si el café y yo.

Entre lives, post nuevos para Bienestar Integral, llamadas por facetime, pacientes, páginas de libros, entrenamientos con una mochila acompañados de algunos galones de detergente y oficios de la casa, siento que algo me falta aún me falta y es el abrazar y besar.

Recibir ese mensaje de esa persona especial “baja en 5 minutos”, ese mensaje que en algún momento lo consideraba ordinario y ahora mismo me parece extraordinario. Aunque los días pasan y seguimos trancados cada uno en su esquinita… algo me agarró de sorpresa un día,  y fue cómo nosotros cuatro (mi familia) y claro mi perro que es parte de nosotros, llegamos a un punto de explosión. En ese momento me pregunté ¿Mi familia?, ¿y no éramos súper unidos?, ¿será que la cuarentena nos ha desbordados? Pero con el tiempo y la experiencia me ha quedado claro que cuando a un adulto se le presiona, restringe y se aprieta este se resiste. Si, el cumulo de no poder bajar, tener siempre cuidado para limpiar lo que llega de fuera, que debemos colocarnos la mascarilla, los guantes… pufffff. Ese cúmulo nos hizo explotar.

Mi familia es unida, somos una mesa de cuatro patas que se está viendo enfrentada al miedo, sobre todo con mi papá. Ese ser tan juguetón se vio en un momento dado arropado por la incertidumbre lo que nos llevó a extremos y enfrentamientos. Ese día en particular, esa parte “gallito” mía salió con toda potencia. Una discusión en especifico desencadenó en temas profundos que tocaron heridas que pensaba sanadas. Con impotencia, lagrimas y dolor nos vi fuera de foco, vi cómo todo esto, la cuarentena, y la crisis sanitaria se había convertido en algo más fuerte que nosotros.

Entonces recordé que no tenemos el control de lo que sucede, que hoy peleamos por una “medida exagerada” pero posiblemente mañana peleemos por respirar y estar. Entonces recordé esos momentos en que he dejado de abrazar. Recordé eso que como psicóloga le repito a mis pacientes, y es que todo es cuestión de actitud.

Ese día, el de la discusión, puse mis limites y pedí tiempo fuera, me fui a la cama para darme cuenta de que no podía dormir dandole vueltas a la pelea. Mi mente me decía “Priscilla párate y rompe con esto”, dormirme con ese nudo en la garganta de saber que nos herimos no era una opción. Dejé de lado el ego, el orgullo, tumbé mis defensas, me paré de la cama, caminé hacia dónde se encontraba mi papa y abracé a ese ser que tanto amo. ¿Qué las palabras me salieron? No. ¿Di explicaciones? Tampoco (solo necesitamos ese abrazo que se traduce en mil cosas y que es autoregulador). Simplemente abracé fuerte a mi papá por unos minutos y me sentí liberada.

¿Será que necesitábamos eso? Parece que si. Necesitabamos tocar temas inconclusos y recordar lo lindo que tenemos. ¿Voy a permitir que la cuarentena nos distancie? Pues no. Muchas veces debemos de hacer nuestra propia cuarentena para liberar tensión y entender que todos pasamos por lo mismo solo que con pinceladas diferentes.

Seguimos, Priscilla y el café. Pasan los días y las horas, pero sigo encontrando ese lugar dentro de mí que me ayuda a tomar el sol, a poner música y entrarme en ese mundo que ella me provoca. Aquí sonrío porque tengo a mi compañera de vida que es mi hermana. Los viernes son entretenidos a pesar de estar en el mismo lugar 24/7. A las 7:00 pm ya la música sale de audífonos y viste la terraza con copas de vino o algún gin tonic. Bailamos, hablamos, recordamos momentos.

Quizás la pelea la olvide en unos días, unos meses, pero su resultado no, así como no olvidaré los recuerdos que he creado junto a mi hermana, porque lo lindo de las memorias es que siempre serán nuestras.

Despertar y sentir que volverá la normalidad que un día conocimos, ya no me pasa, porque es imposible borrar estas vivencias. Lo que si despierto sabiendo que hoy abrasaré más fuerte, daré un beso más largo, cerraré más los ojos al bailar esa canción que me gusta, no dejaré para más tarde un te quiero. De verdad espero que este sabor a aprendizaje sea permanente. Hoy seré más yo y reflexionaré sobre lo que siento. De esto me llevo que quizás en un futuro sea necesario de forma interna ponernos en cuarentena y resetearnos. Lo que, de ser así no cambiará será ese momento en el que somos el café y yo.

 

 

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