¿Puedo convertirme en una “coronaholic”?

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Por Alexandra G Roca Foto Fuente externa

”El mundo está al revés”, así lo predijo Halizandra en Dominicana’s Got Talent 2019, pero no le hicimos mucho caso. Y si, la vida se nos ha puesto patas pa’rriba, ya no tenemos claro si es miércoles o sábado, ni si son la una de la madrugada o las cinco. El insomnio es nuestro invitado de lujo, y la vida social parece estar más activa que nunca. Las conversaciones de madrugada nunca faltan, porque no hay que levantarse tan temprano para ir al trabajo, y con ellas la copa de vino para brindar, la cerveza, el trago de ron o vodka, o lo que tengamos a mano.

Si antes nos limitábamos a beber sólo los fines de semana, porque a las 5am había que pararse a entrenar para luego ir a trabajar, parecemos ya no tener motivos para dejar ese “traguito” de nuestro momento relax para el final de la semana, ahora podemos beber mientras trabajamos porque nadie lo sabrá, con el almuerzo pega una o dos copas de vino, la cerveza de la tarde para refrescarnos, y finalmente en la noche premiarnos con otra copa para celebrar que sobrevivimos un día más en casa….

Conversamos con la Psicóloga clínica de la salud y bienestar emocional, Priscilla Montero para tener una visión que parte de lo macro a lo micro, y entender primero nuestra relación con el alcohol para luego analizar cómo esta ha variado y por qué durante esta cuarentena hemos incrementado su ingesta.

¿Por qué tomamos? Comemos, tomamos, celebramos y hasta “ahogamos las penas” con algo que nos agrada. Somos seres psicosociales y dentro de la parte social nunca falta un compartir de comida y claro, unas cuantas copas. No podemos generalizar al momento de buscarle una explicación de porque tomamos alcohol. Unos toman por circunstancias sociales o eventualidades especiales, otros como una costumbre, otros tantos como un mecanismo de “despejar la mente”.

Existe un vínculo entre el consumo y nuestras emociones. Es común escuchar “Estoy cansado, merezco una cerveza” o “Estamos celebrando,¿y tu trago?”… sucede de la misma manera que con la comida, canalizamos nuestras emociones con el alcohol.

¿Cuándo somos más susceptibles a acudir al alcohol? Generalmente asociamos, interpretamos y actuamos. Tenemos patrones aprendidos a nivel cultural que nos llevan a consumir alcohol en situaciones que entendemos que esta permitido, que es necesario o que nos parece “normal”, como son las festividades.

Asociamos el tomar con “estar pasándola bien”.

Nos volcamos bajo unas vivencias dónde el alcohol llega a ser el invitado especial, esperado y para otros necesario.

¿Cómo actúa el alcohol en nuestro sistema? Muchos entienden que el alcohol nos ayuda para elevarnos, estar en un buen estado de animo y que nos ayuda a lanzarnos. Sí, el alcohol al inicio nos hace experimentar un boom de mayor soltura y desinhibición,  pero el alcohol es una sustancia depresora del sistema nervioso central, lo que quiere decir que a pesar de estar en un buen mood en algún momento caemos.

Otra parte interesante sobre el alcohol, es que cuándo lo tomamos nuestro estado de animo se va a ver condicionado por nuestras emociones. Por ejemplo, si estoy pasando por una situación difícil, que me causa dolor, y bebo, al inicio me voy a sentir bien, pero va a llegar el momento donde tocará esa parte vulnerable o sensible y saldrá posiblemente de manera más intensificada. Quiere decir que el consumo del alcohol no es sinónimo de ponernos contentos, depende bastante del estado emocional que estemos experimentado.

Mitos sobre el alcohol… durante el acto sexual en lugar de ser más eficientes, al alcohol ser depresor del sistema nervioso central no podría ayudar al momento de la erección y la eyaculación. Es decir, el alcohol tiende a funcionar como una anestesia en nuestro sistema, dependiendo de la dosis o cantidad consumida, ahí tendremos mayor efecto o no.

¿Todos podemos volvernos dependientes/alcohólicos? Realmente no. Aquí interfiere una parte importante que es nuestro factor genético. Tener dependencia del alcohol es sinónimo de que existe una necesidad de consumir esta sustancia para encontrarnos en estado “normal”. No todos tenemos la predisposición a las adicciones.

Podemos tener dicha predisposición y no despertarla, así como puede pasar que tengamos el campo minado, nos expongamos y desarrollemos una dependencia.

¿Qué nos hace vulnerables a volvernos dependientes de algo? La predisposición genética y el ambiente en donde nos desarrollamos, tienden a ser los factores que nos llevan a ser dependientes. Cuando hablamos de ambiente, tiene que ver con las vivencias que experimentamos, dónde crecemos, nuestra familia y círculo social y de influencia.

Existen personas y situaciones que nos exponen a terrenos fértiles para desarrollar dependencias físicas o emocionales.

Sucede también que una persona con la predisposición a la adicción, nunca la ha movilizado, pero surge una eventualidad en su vida que lo lleva al consumo y aquí se abre la puerta. Si todos somos distintos y crecemos en diferentes escenarios pues de la misma manera nuestro organismo y cerebro es diferente al del resto, unas personas tienden a ser más sensibles y otras necesiten de mayor estimulación.

¿Cómo podemos determinar si estamos tomando más de lo ‘’normal’’? Y ¿Qué se considera una cantidad ‘’normal’’ o prudente’’? Lo “normal” para mi, no es lo “normal” para el resto. Quiere decir que la normalidad no existe. Podemos hablar más bien de prudencia. Cada persona tiene una resistencia diferente al momento de consumir alguna sustancia, hasta con el café.

Si, existen parámetros o recomendaciones de la cantidad de alcohol que tiende a ser racional sin causar un daño o patología, pero esto depende de los hábitos de cada ser y la recurrencia del consumo.

No es lo mismo una persona que consume alcohol todos los días, a una persona que solo lo consume una vez a la semana.

Cuándo nos sentimos ansiosos o aburridos en lugar de bebernos un trago para relajarnos ¿qué podemos hacer? El “relajarnos” tiende a ser relativo. Si para mí  el mecanismo para relajarme es tomar alcohol pues sería más retador utilizar otras herramientas para conseguirlo. Todo depende de la intención y de la disposición. Funciona la idea de psicoeducarnos respecto al consumo del alcohol, no quizás para impregnarnos de temor o cohibirnos un día que deseemos consumirlo, más bien para ser conscientes de que no es la forma más conveniente para nuestro sistema.

¿Realmente te estás despejando o te estás anestesiando? Si nos anestesiamos no quiere decir que va a dejar de existir. ¡Ojo!

Un aspecto importante es que asociamos con el alcohol es el bloquearnos, anestesiar y olvidar como una forma de “sanar” o lograr descansar. Cuándo tomamos alcohol para poder “dormir mejor” o “caer rendidos”, elegimos la forma errónea porque esa sustancia no nos permite tener un sueño reparador, todo lo contrario, estamos alterados internamente y físicamente estamos “dormidos”.

La psicoeducación sobre el consumo nos ayuda para luego despertar la curiosidad y encontrar las vías que realmente nos ayuden a despejarnos. Es una oportunidad para conocernos mejor y experimentar mejores hábitos. Esto no quiere decir que debemos de restringirnos por completo ya que la flexibilidad es necesaria, pero si marcar limites para mantenernos en una sintonía adecuada y positiva sin estropearnos interna y físicamente.

Si la ingesta de alcohol ha incrementado, es decir, se está volviendo una costumbre, ¿Cómo podemos retomar nuestro ritmo habitual? Es importante observarnos e identificar la razón de porque estamos consumiendo más alcohol. ¿quiero calmar algo?, ¿Qué encuentro cuándo consumo?, ¿Qué parte de mí se despierta y que otra se queda dormida?

Igualmente, si estamos consumiendo alcohol es importante tomar agua, esto nos permite diluir la sustancia y amortiguar el efecto y que este sea mas leve ya que el tomar alcohol nos provoca la deshidratación.

Si estoy viviendo una situación que me está haciendo consumir más alcohol, podemos seleccionar el día de la semana que me voy a permitir hacerlo como si fuera parte del “habito”, ir reduciendo la cantidad de días en los que bebo y colocarlo como un momento especial para hacerlo. Igualmente desarrollar la atención y conexión con uno mismo ya que posiblemente lo hagamos de manera automatizada, inclusive inducida por otros… pero ¿tengo deseos hoy?, pregúntate si en ese momento será de provecho o no.

Ahora que no tenemos la misma rutina, que muchos sufren de insomnio, otros se encuentran suspendidos del trabajo, y que hay tanto tiempo libre, ¿cómo podemos organizarnos para tener un modelo de vida más o menos como el que llevábamos, pero más saludable? En primer lugar, no querer actuar “normal” bajo situación anormal. Nos presionamos para poder ser lo más eficientes posible, aprovechando el tiempo y haciendo lo que nunca se pudo hacer. Si, eso esta perfecto pero cada uno a su tiempo y acorde a sus necesidades.

La regulación del sueño es lo primero que debemos de observar, si el sueño está alterado es porque algo ha cambiado en nuestras rutinas y posiblemente sea entendible, quiere decir que primero debes de fomentar la autocompasión y el no juzgarte ni presionarte, posiblemente todo tiene una razón. Hacer higiene del sueño como por ejemplo ir a la cama a una hora y despertar a una misma hora (a pesar de estar muriendo del cansancio) es una forma de adaptarte.

Nuestro cuerpo es un perfecto reloj que va aprendiendo acorde a los hábitos que le vamos incorporando, por esto definir tu propósito en el día de hoy es necesario para saber por donde ir caminando. Nos encontraremos tentados por seguir los mismos modelos que los demás, pero recuerda que eres único y por esta razón tus necesidades serán distintas.

Paso a paso, un día a la vez, pero primero escucharnos para luego organizarnos y crear hábitos que sean de beneficio para cada uno.

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