Diario de una doctora en el frente de batalla

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Reclutada por el Servicio Nacional de Salud de la República Dominicana para formar parte del cuerpo médico que hace frente al Covid-19, la médico especialista Migdavis Abreu Moquete, nos cuenta su experiencia ante esta realidad.

Texto: Migdavis Abreu Moquete  Foto: Fuente externa

 

Me llamo Migdavis Abreu Moquete, tengo 34 años de edad; soy médico emergenciólogo, con experiencia en cuidados críticos. Actualmente brindo mis servicios en las Emergencias del Centro Médico (UCE) y Hospital Marcelino Vélez Santana, así como en las Unidades de Cuidados Críticos del Centro Médico Universal y la Ciudad Sanitaria Dr. Luis Eduardo Aybar. Fui reclutada por el Servicio Nacional de Salud de la República Dominicana para formar parte del cuerpo médico que hace frente a la pandemia del Covid-19, a nivel nacional.

Tengo para contar que desde que reportaron el inicio del brote, a finales de diciembre de 2019 en Hubei, China, mi mayor preocupación era que se extendiera este virus a otras naciones, principalmente a nuestro país, debido a que para enfrentar estos casos se requiere una gran capacidad de respuesta por parte de nuestras instituciones y centros sanitarios. Es por ello, que comencé desde entonces a darle seguimiento a las noticias internacionales, a los reportes del Centro de Control de Enfermedades y Prevención (CDC) y a las declaraciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Anhelaba que en cualquier momento las autoridades chinas dieran a conocer que la diseminación del virus fue controlada, sin embargo, todos conocemos cual fue el resultado: el virus se propagó. Es así, que el 31 de enero del año en curso se confirmó el primer caso de coronavirus en España. Mi intuición me decía que en cualquier momento podría llegar a nuestra tierra, conociendo la alta presencia de dominicanos viviendo en Europa, específicamente en España, quienes en cualquier momento podrían contagiarse y viajar a su país de origen (Rep. Dom.). Del mismo modo, podía esperarse un posible contagio a través de los turistas provenientes de los demás países europeos, cuyo destino para vacacionar es nuestra isla.

De ahí que, al no adoptar medidas tempranas para prevenir cualquier posible contagio, el 1 de marzo empezó hacerse realidad mi temor, registrándose el primer caso de Covid-19 en nuestro país, procedente de un ciudadano italiano. De inmediato, informé a mis familiares y conocidos acerca de prevenir el contagio con la correcta higiene de manos y todas las medidas publicadas por la OMS, procurando ponerlo en práctica para dar el ejemplo.

Lamentablemente, los casos van en aumento, debido, en parte, a que las autoridades no actuaron rápidamente cuando debieron y a que la población no termina de adoptar la conducta apropiada para contrarrestar este virus, desobedeciendo el toque de queda o ignorando lo establecido por el Ministerio de Salud.

Me vi en la necesidad de crear un protocolo de bioseguridad para mi familia y para mí, puesto que laboro en el área de salud y estoy en contacto con pacientes infectados. Es mucho el riesgo al que el personal sanitario está expuesto, a tal punto que tomé la decisión de alejarme de mi familia y mudarme en solitario, aislada de todos los que quiero. Fue difícil, ya que tuve que irme, dejar a mi hija de 3 años, mi madre y mi hermano, pensando cada día -a veces sin dormir- que podía infectarlos, recordando que puedes contagiarte sin presentar signos o síntomas y que, de 7 a 14 días, es que probablemente, te darías cuenta que tienes este virus, si llegas a presentar la clínica. Todos esos días que estuve en mi hogar sin presentar sintomatología, estaba consciente de que pude haberlos infectado.

Gran preocupación. Todos los reportes de defunciones son preocupantes; en estos momentos sólo hay que ver en los centros hospitalarios y clínicos la cantidad de personas contagiadas, de las cuales algunas se complican y fallecen. A veces, las circunstancias generan tanta tensión que necesito hacer una pausa durante mis jornadas en los centros de salud donde laboro para tomar un respiro y orar por todos nosotros. La situación apenas empieza, sólo hay que orar a Dios y obedecer las normas establecidas por el Ministerio de Salud Pública.

Nuestro Sistema de Salud, en comparación con otros países, tiene muchas falencias, y este virus las ha puesto todas en evidencia: carece de medicamentos, equipos, material gastable y personal suficiente para brindar un mejor servicio, tanto público como privado; desabastecimiento de equipos de protección personal (EPP), como trajes de bioseguridad, mascarillas, entre otros; la regularización del uso de las pruebas de laboratorios diagnósticas por la inminente escasez que se pueda presentar, mucho más cuando hablamos de los medicamentos principales (como la Hidroxicloroquina), en otros. Confieso que, al iniciar este brote a nivel nacional me abastecí de algunos de mis EPP bajo mis costos, y he tenido la dicha de que en los centros donde trabajo me han garantizado hasta el momento mi protección y han asegurado un buen manejo para estos tipos de pacientes.

No niego que cada día se está trabajando para mejorar las condiciones del servicio de salud destinado a la población y a sus colaboradores. Ahora, si me preguntan: ¿Estamos capacitados o preparados para combatir esta pandemia? Mi respuesta sería NO, como dije anteriormente. No tenemos la capacidad para responder ante un brote masivo en nuestro país, nos faltan recursos para combatirlo. Por eso las insistentes propagandas de quedarse en casa y hacer de la higiene correcta un hábito. Aún estamos en el inicio de este brote, y les exhorto, como médico especialista en emergenciología y que estoy dentro de la primera línea de ataque, que en nuestro país se establezca la cuarentena correcta (24h durante los 15 días establecidos), en vista de que ciudadanos salen todas las mañanas, se aglomeran, o algunos no llevan medidas de protección, y es de esta forma  se produce mayor contagio.

Luz de esperanzadora. Somos un país creyente en Dios, nuestra fe hará que el sistema de salud responda de manera extraordinaria frente a esta batalla, aunque signifique agotarnos física y emocionalmente. Debemos estar todos unidos, no únicamente los médicos, sino todo aquel personal que tiene que seguir trabajando para poder enfrentar y salir a flote de esta pesadilla. En lo que a mí respecta, esto ya ha cambiado mi entorno. En el plano emocional, por la responsabilidad de mi profesión, que me llama a actuar apegada a los valores del Juramento Hipocrático, por mi decisión prudente de mudanza en aislamiento, porque he tenido que ser más fuerte para seguir luchando por los que están necesitando de nosotros… A nivel físico, porque he tenido que entregar más de mi tiempo y acortar mis descansos para prestar mis servicios y ayudar junto con mis compañeros a muchos más afectados, entregándonos completamente a nuestro país, esperando que se nos reconozca a todos la ardua labor que hacemos en esta lucha.

Soy de las que digo que siempre hay una luz al final del túnel, mi principal sostén es Dios, quien no deja que pierda las esperanzas, por lo que llevo conmigo este versículo: Josué 1:9 “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres”.

 

 

 

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