Confesiones de una soltera en cuarentena

Fecha

, Sexo y relaciones

Por GR Foto Fuente externa 

Abrí los ojos, y un sentimiento algo abrumador me sobrecogió desorientándome por completo. ¿Cuántos días llevaba ya en casa? ¿18? ¿21? Me encontraba en el sillón de la sala y no me quedaba claro qué tanto había dormido, si estaba amaneciendo o anocheciendo ¿todavía era domingo por la tarde o era la mañana del lunes?

Demasiadas preguntas en pocos segundos. Agarré el celular para ubicarme en tiempo y espacio y respiré. La pantalla indicaba que eran las 6:30p.m (domingo) y que tenía 145 mensajes de whatsapp más 10 mensajes directos de Instagram y dos video llamadas perdidas… Eso pasa cuándo estás en cuarentena y decides tomar una siesta (de dos horas y media) después de que comiste y fregaste lo que usaste en el desayuno y la comida.

Empecé a hacer el ejercicio que más práctico en estos días, ‘’scroll down’’ en Instagram antes de abrir los grupos de whatsapp y por último los DM. Aparentemente mi sueño fue más interesante que la vida que las personas proyecta en las redes.

Un post en particular llamó mi atención y me devolvió al sueño de mi siesta. Suspiré y empecé a recordarlo como si lo estuviera viviendo en carne y hueso, cómo si tuviera sus manos en las mías y mi cabeza hubiese encontrado el lugar perfecto sobre su pecho. Obviamente me soñé con mi crush del momento, el doctor nuevo en el consultorio de mi dentista. Era alto, pelo oscuro, musculoso, pero no demasiado, elegante, mirada misteriosa y una voz grave que retumba en las paredes y hace voltear cabezas. No son una ni dos las veces que he soñado con él e imaginado que estamos juntos, en confinamiento y libertad….

Me perdí unos minutos más en mis ilusiones hasta que un sonido externo me trajo a la realidad. Me reacomodé en el sillón y empecé a leer los mensajes… videos, memes, canciones, platos de comida, y tragos poco elaborados abundaban en todos los grupos, salvó en uno. Ese me sacudió un poco e hizo que se me encogiera el corazón mientras disipó los sentimientos de envidia que en estas semanas habían surgido por las parejas de mi grupo de amigos. Fue cómo un choque de realidad. Si resulta complicado llevar una relación mientras tenemos una vida ‘’normal’’, tenerla en cuarentena es cómo tener poca coordinación para el baile y tratar de hacer una de las coreografías del Cirque du Soleil, mas o menos.

De tan solo pensarlo me estresé. Con todo el tiempo libre que parecemos tener y que contradice todos los quehaceres de nuestro día, una pareja sería cómo the cherry on the top de la ecuación. De por si no soy una fan de las videollamadas, las fotos ni la virtualidad, yo prefiero lo real. Amor en tiempos de cuarentena implicaría que la pijama y la ropa de ejercicio habría que alternarlas con ropa de ”civil” . Obvio, no pudiera dejar que me vea fea ni descombinada en nuestra cita virtual. Meter el celular en una gaveta para desconectarme de la realidad no sería una opción, y el moñito que llevó 24/7 debería convertirse en un pelo más o menos arreglado.

Uyy y ni pensar si peleamos,¿cómo nos reconciliaríamos sin poder vernos, besarnos y abrazarnos? ¿Qué pasaría si nos volvemos a ver y nos sentimos como extraños? Definitivamente me sería imposible no sucumbir ante la tentación de salir de casa para estar con él… Y ni entremos en el capítulo sexual… pasar de toro a nara, es para que las canas que no te han salido en los últimos tres meses, aparezcan de un tirón…

No, no, no , no , no, me encontré a mi misma moviendo la cabeza de un lado a otro y sentí la expresión de horror y angustia en mi cara, la tensión en los hombros y la presión en las manos de tan solo pensar en que lo que tanto he soñado y anhelado con mi querido doctor, fuese una realidad.

Solté el celular, me puse de costado y le sonreí a mi realidad. Una chica soltera en su hogar, que dormiría unas horas más, para levantarse a cenar la pinta de helado que me quedó del almuerzo, con una copa de vino mientras termina de ver La casa de papel. El amor en tiempos de cuarentena definitivamente no es para mí, ya habrá tiempo para disfrutar de otro, sin limitantes ni restricciones. Mientras tanto, encontré un motivo más por el cuál dar gracias en el día de hoy: la soltería. ¿Quién lo diría?

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