Viuda¿Y ahora qué?

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Por Pamela Toribio Foto Principal Rawpixel.com

No es sólo la desaparición física del compañero de vida, sino también el padre o padrastro de sus hijos, el proveedor económico o la persona con la que se compartían los gastos, problemas generales y con las que se vivían las angustias e inquietudes diarias… muchas viudas confiesan que no sólo perdieron al esposo, sino a su amigo y confidente, especialmente en las relaciones estables y armoniosas.

Rosa Mariana Brea Franco, psicóloga especialista en intervención de crisis, traumas y duelos, indica que el primer paso sería entender qué sucedió y cómo ocurre la pérdida; no es lo mismo una traumática o súbita como un accidente, homicidio o suicidio, que la pérdida por una enfermedad terminal. Ambas serán muy difíciles de lidiar, pero cada una en diferentes contextos.

Es importante conocer el momento del ciclo de vida que la mujer está viviendo. Por ejemplo, si se trata de una pareja que se pierde a los pocos años de casados y sin hijos. El duelo tendrá que ver con una vida “inconclusa”, pues muchos proyectos no lograron concretarse juntos… Si hay hijos y son pequeños, implica un reto al tener que enfrentar una crianza sola.

Por otro lado, si la pérdida ocurre cuando los hijos se han marchado de la casa o la persona se encuentra en la tercera edad es diferente. Lo que sí resulta un aspecto importante en cualquiera de los escenarios descritos, es que la mujer pueda vivir su proceso contando con familiares y amigos que la apoyen y comprendan sin ser juzgada o presionada, que vaya a su propio ritmo.

Tiempo de “superación”

Brea explica que los duelos no se superan porque no son una enfermedad, no tienen que “curarse”. Es un proceso con altas y bajas; se integra, se acepta y se aprende a vivir con la pérdida de una manera adecuada. El tiempo va a ser muy relativo, dependerá de muchas variables: la personalidad del doliente, su manera de enfrentar los retos, su capacidad de ser resiliente, el tipo de vínculo que existía, las ambivalencias o conflictos antes de la muerte, que pueden obstaculizar el proceso, pues se puede sentir culpa, sea racional o irracional. Muchas piensan, “debí haberme dado cuenta antes que él tenía que ir al médico” “no debió salir esa noche…”, así entre otras rumiaciones mentales de tortura.

Hay personas que se les dificulta seguir adelante luego de una situación de duelo. La experta nos cuenta que pueden incidir varios aspectos, por ejemplo, cómo muere la persona. Si es un suicidio, la viuda se queda con muchas interrogantes y sentimientos encontrados que pueden dificultar el proceso.

Si la persona se encuentra sola, sin apoyo familiar, de amigos o de su comunidad, le será también más difícil. También si a la par el proceso de la pérdida, la mujer está viviendo otros duelos, como economía difícil, la enfermedad de algún familiar o alguna situación de salud física o mental.

No obstante, con la adecuada guía profesional, los dolientes pueden enfrentar cualquier situación si la persona realmente quiere salir adelante.

Acompañamiento

Existe una diferencia entre un acompañamiento y una terapia de duelo, por alguna situación que pueda estar obstruyendo la evolución del mismo.

En el acompañamiento se despejan dudas de cómo manejar las emociones, se explica y orienta de qué es un duelo, respetando las diferencias individuales. No se debe inculcar la idea de que ha de vivirse por etapas predeterminadas; esto ya está totalmente desmontado en los nuevos estudios con dolientes, entendiendo que no es un proceso lineal, por lo que seguir un ritmo de etapas establecidas puede ocasionar más confusión y daño.

La terapia se prescribe para una persona que está presentando un duelo complicado, como por ejemplo, sentir que la vida no tiene sentido sin el compañero, o si la persona está sumida en un sentimiento de ira, culpa o tristeza paralizante que puede llevarla a una depresión crónica.

Ambos tipos de ayuda deben ser propor-cionadas por un psicólogo especialista en intervenciones de crisis y duelo.

Mitos

Cada cultura impone creencias o mitos en torno a ciertos eventos que se viven. En el pasado se estipulaban tres años mínimo para llevar ropa oscura, hoy esto es más flexible, pero aún quedan muchas restricciones, más en las mujeres que en los hombres.

Por ejemplo, no se ve adecuado que una mujer antes del año salga con una pareja, y mucho menos que introduzca a sus hijos a dicha persona. Algunos familiares incluso no aprueban que la mujer pueda rehacer su vida. Este tema es muchas veces motivo de consulta y se debe dar orientación al respecto.

La decisión de rehacer su vida es muy personal. Si se ha vivido plenamente el proceso de duelo: tristeza, ambivalencias y todo lo que surja en el camino, como duelos intangibles (conocer aspectos desconocidos del esposo, luego de fallecido, sean situaciones agradables como desagradables) y decide estar sola en lo adelante, deberá respetarse su decisión. Lo que no se recomienda es que la mujer se inhiba de una futura relación por sentir que le “falta” al compañero fallecido o por temor al qué dirán.

 

“Cuando se pierde la pareja en medio de un embarazo el duelo es más complicado; necesitará de acompañamiento psicológico en la mayoría de los casos”, afirma la experta, quien además es autora de los libros El duelo: un camino hacia la transformación y Comprensión del duelo en el siglo XXI.

 

Cuando hay hijos

Debe quedar claro que a los hijos hay que explicarles lo sucedido, el tipo de muerte, y en caso de ser una enfermedad, no deben estar ajenos o aislados en el proceso. Si es una muerte trágica también deben ser informados debidamente y ser incluidos de acuerdo a las edades en los ritos funerarios. Aquí el plantel educativo juega un papel importante. Algunos no tendrán manifestaciones inmediatas, sino más adelante, de acuerdo a  los retos o situaciones que enfrenten. Por eso deben informar a la madre o cuidadores cuando presenten señales de alerta.