Criando hijos a prueba de bullying

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Colaboración  Claudia Simó, psicóloga y directora de Alas Formación y Apoyo, Coach de padres, familia y vida / @ClaudiaSimoV Foto principal  Halfpoint

Ya inició el año escolar y los padres se prepararon (algunos por meses) para enviar a sus hijos equipados con todo cuanto necesitan para tener un buen desempeño. Muchos se enfocaron en comprar mochilas, loncheras y tabletas nuevas. Sería interesante que reflexionemos si también nos estamos ocupando en preparar emocionalmente a nuestros hijos para las experiencias que vivirán.

 

Cada año escolar implica hacer nuevos amigos, adaptarse a nuevos profesores, manejar conflictos, desacuerdos, retos y en algunos casos, manejar el acoso escolar al que son sometidos algunos niños.

Como padres, ¿qué podemos hacer para ayudar a nuestros hijos a no ser parte de la dinámica del bullying? Lo primero es entender que se trata de  un asunto del hogar más que escolar, pues el bully o agresor, al igual que la víctima, son niños o adolescentes que aprendieron estos roles precisamente en su hogar.

Un hijo a prueba de bullying es aquel  capaz de reconocer el maltrato, de hablarlo y de buscar ayuda porque sabe que  será escuchado, validado y que encontrará en los adultos, aliados que lo respetan y apoyan.

¿Víctima o agresor?

Un niño que en casa ha recibido burlas, críticas constantes y humillaciones, al cual lo tratan con poca compasión, amor y respeto; que además ha sido víctima de comparaciones, intimidación y maltrato habitual de parte de sus hermanos y familiares puede tener consecuencias muy negativas que lacerarán su salud mental y emocional. Por otro lado, está la sensación de sentirse totalmente desprotegido por los adultos, quienes, en vez de velar por su bienestar, de ofrecerle seguridad y un ambiente basado en respeto y amor, recibe de ellos indiferencia y malos tratos. Este niño puede ser un potencial agresor o víctima durante toda su vida.

Víctima: el niño que constantemente es maltratado tendrá autoestima baja, querrá constantemente ser aceptado, amado y valorado (lo que no obtiene en casa), y en muchas ocasiones son manipulados, abusados sexualmente, involucrados en delitos, se dejan chantajear y/o influenciar por aquellos que aparentemente le dan lo que tanto anhelan. Además, es tanto el daño que les provoca ser maltratado por las personas más significativas de su vida que sus “alarmas” innatas de autodefensa se desactivan y por ello se convierten en blancos fáciles para los agresores.

Agresor: el maltrato físico, emocional, verbal y psicológico hace que el niño acumule mucho resentimiento, ira, dolor, odio y deseo de venganza, que eventualmente sale a flote. En esa búsqueda de eliminar todos estos sentimientos negativos, termina lastimando a otros, por ejemplo: a sus amigos del colegio, la nana, el perro de su casa, a hermanitos o primitos… quienes sabe son menos “poderosos” que él. Estos niños tampoco tienen la capacidad de relacionarse con los demás con respeto, bondad, cariño y empatía, pues en casa nunca tuvieron la oportunidad de vivir experiencias donde se pusieran en práctica dichos valores.

Entonces, el bullying que día a día se evidencia en las escuelas no tiene realmente una raíz en los patios de recreo y aulas. Dirijamos nuestra mirada a la historia íntima y familiar de los niños, pues allí estará la respuesta a estas dos grandes interrogantes:

* ¿Por qué mi hijo se deja abusar de los demás?

* ¿Por qué mi hijo se comporta como un agresor?

Blíndalos contra el acoso

1 Procura que todos los miembros de la familia, grandes y pequeños, puedan comunicar sus ideas, emociones y situaciones con confianza y sin el temor de que serán juzgados y/o criticados.

 2 Sé generadora de armonía, en la forma de hablar y de responder ante las diferencias. De igual forma, sobre el contenido que expones a tus hijos, la forma en cómo te relacionas con todos, incluyendo el personal de servicio y los animales que tienen en casa.

3 Fomenta la empatía ayudando a tus hijos a desarrollar esta capacidad de ponerse en el lugar del otro, un ser que siente y piensa distinto a ellos. Con esta habilidad podrán entender mejor los sentimientos de los demás y el impacto que sus acciones tienen en otros.

 4 Sé un modelo por excelencia del respeto. Aún tus hijos sean niños muy pequeños o estén en plena adolescencia, respeta sus ideas, opiniones, espacios y amistades. No siempre estaremos de acuerdo con lo que piensen, digan o hagan, pero mostrar respeto a su personalidad, gustos y pensamientos es el único camino para lograr que ellos repliquen lo que ven. Es imposible esperar que nuestros hijos se comporten y hablen con respeto a otros si en casa le gritamos, le insultamos, no tomamos en cuenta sus opiniones o ni siquiera las escuchamos.

 5 Responsabilízate de enseñarle buenos modales, tanto así que ellos mismos rechacen aquello que no esté apegado a las buenas costumbres.