Paz en el siglo XXI

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Por Leandro A. Sánchez  Foto principal Sharomka

En más de una ocasión has escuchado decir a tus padres y abuelos, o incluso lo estás pensando y diciendo tú mismo, que la juventud está perdida, que la economía se fue “pique” o que la vida era mejor sin internet.  Pero, ¿a qué se debe este cariño especial al pasado?… ¿Te has detenido a pensarlo?

Los sociólogos y psicólogos han definido esta tendencia como  declinismo, “la creencia de que vivimos peor que antes o, si eres amante de los refranes, que Todo tiempo pasado fue mejor”. Muchos entenderán esto como nostalgia, pero no lo es, pues supone una valoración negativa del tiempo actual respecto al pasado, que se extiende al futuro. En otras palabras: estábamos bien, estamos mal y estaremos peor. Es también lo que se conoce como retrospección idílica o color de rosa, que hace referencia al fenómeno psicológico de juzgar el pasado desproporcionalmente más positivo que el presente.

Ahora bien, ¿por qué esta breve introducción? Con ella hemos querido dejar claro que igual pasa con muchos otros temas importantes de nuestra vida cotidiana, entre ellos la paz, sea colectiva o personal, ambas laceradas y abatidas fuertemente. Por eso, para entender este concepto no podemos pensar en el pasado, más bien actuar en consecuencia de nuestras necesidades y realidades actuales, que no son las mismas de antes. Un claro ejemplo local es cuando escuchamos decir que durante el régimen de Trujillo las familias podían dormir con las puertas abiertas de sus casas. ¿Pero sabes a qué precio?

La paz anhelada siglos y años atrás promovía el cese de armas, el alto al fuego. Eran tiempos de guerras terribles que aniquilaron millones de vidas en todo el mundo. Y aunque en muchos países aún se viven situaciones difíciles, las plegarias actuales giran en torno a temas tan diversos como la diversidad de creencias, el cambio climático, la lucha contra el narcotráfico, la igualdad  y violencia de género, el acoso, asuntos laborales y el terrorismo, incluso la presión que generan las redes sociales; todos tan necesarios solucionar ya.

Es bien sabido que para estar bien con el otro debemos estarlo con nosotros mismos. Por eso la lucha actual es interna. El equilibrio es la respuesta. No es sorpresa entonces que en estos tiempos haya una vuelta hacia lo natural, a lo que nos hace bien y nos conecta con nuestro “Yo”. Atrás han quedado los peligros de la guerra nuclear (aunque hace poco escuchamos amenazas) y de la guerra convencional entre las grandes potencias. Tener conciencia de esto nos plantea el reto de que luchar por la paz implica necesariamente –lejos de ideologías- luchar por otro estilo de la vida; requiere de enfoques multidimensionales en los que la participación, el diálogo, la cooperación y la negociación, entre otros, sean las estrategias clave.

Para el sociólogo Abelardo Hungría, especialista en política y cambio social, a pesar de que no vivimos momentos de grandes euforias o revoluciones, como quiera llamársele, también es cierto que hoy tenemos más señales de esperanza que antes. “Vivimos un momento de cambio civilizatorio, las esperanzas de momento están soterradas, germinando; el cambio será lento, pero hay muchas más semillas que antes. El progreso de la libertad de conciencia es imparable y son mayoría quienes buscan un espacio de encuentro y no de competencia. A pesar de la nueva dogmática neoliberal, son cada vez más los que luchan por los derechos de los pobres, dado que la paz verdadera, la paz que dura, sólo puede ser fruto de la justicia”, manifiesta, conduciéndonos a reflexionar entonces si la paz se limita exclusivamente a la ausencia de guerra.

“¿Si un país no se ve afectado por la guerra de manera directa, deberíamos pensar que el pueblo vive en paz y tranquilidad? No. No cabe duda. Sin embargo, fue la definición en siglos pasados. En el actual, su concepto requiere una nueva definición.

Shirin Ebadi, abogada iraní, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en el 2003, durante su discurso de premiación expresó que la paz quiere decir tranquilidad, y el ser humano sólo llegará a estar tranquilo cuando no pierda sus derechos y sienta protegida su dignidad humana. “Está claro que una persona que a causa de la pobreza no puede estudiar, o que por profesar sus creencias acaba siendo castigada o encarcelada, o que no tiene un techo que le cobije, no vive en paz. Para que la sociedad pueda gozar de una paz duradera debe contar con dos pilares esenciales: la democracia y la justicia social”. Concluyó recordándonos que seremos felices el día en que nuestros vecinos no tengan hambre.

Salvemos el planeta

Cada año, el 21 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Paz en todo el mundo. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado esta fecha como el día dedicado al fortalecimiento de los ideales de paz, tanto entre las naciones y los pueblos como entre los miembros de cada uno de ellos. Y no resulta extraño que este 2019 la campaña esté centrada en la importancia de combatir el cambio climático, con el fin de proteger y promover la paz en todo el mundo. Para la ONU, el cambio climático ocasiona amenazas claras para la paz y la seguridad internacionales. “Los desastres naturales desplazan tres veces más personas que los conflictos, obligando a millones de personas a abandonar sus hogares y buscar la seguridad en otros lugares. La salinización del agua y los cultivos están poniendo en peligro la seguridad alimentaria, y el impacto sobre la salud pública está aumentando. Las crecientes tensiones sobre los recursos y los movimientos masivos de personas están afectando a los países de todos los continentes”, expresó el secretario general de dicho organismo, António Guterres. Por eso invitan a tomar medidas destinadas a hacer frente al cambio climático. Todos somos  parte de la solución: desde apagar las luces hasta usar el transporte público, pasando por organizar una campaña de sensibilización en nuestra comunidad.

 Una gesta prometedora

Los cambios no se dan de la noche a la mañana. Toda esta revolución que vivimos, años atrás un sinnúmero de activistas se encargaron de construir su zapata, la que hoy nos sirve de motor y empuje para luchar por una cultura de paz a pesar de las adversidades. Casi todos recordamos el año 2000 y lo que significó en cada uno de los aspectos de nuestras vidas. Un posible fin del mundo o un gran caos cibernético mantuvo a la humanidad completa en expectativa. Y aunque no pasó “nada”, diversos grupos tomaron la fecha como un nuevo comienzo. No es casualidad que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamara el 2000 como el Año Internacional de la Cultura de Paz en el mundo entero. Es entonces cuando surge el Manifiesto 2000 para una cultura de paz y no violencia, de manos de grupo de Premios Nobel de la Paz. El mismo ha sido formulado para que cada individuo asuma su responsabilidad: no se trata de un llamamiento, ni una petición dirigida a instancias superiores. Para sus creadores, “es responsabilidad de cada ser humano convertir en realidad los valores, las actitudes, los comportamientos que fomentan la cultura de paz. Porque cada uno puede actuar en el marco de su familia, localidad, ciudad, región y país, practicando y fomentando la no violencia, la tolerancia, el diálogo, la reconciliación, la justicia y la solidaridad día a día”.

 A continuación compartimos el Manifiesto 2000, con miras a que te apropies de él.

Reconociendo mi parte de responsabilidad ante el futuro de la humanidad, especialmente para los niños de hoy y de mañana, me comprometo en mi vida diaria, en mi familia, mi trabajo, mi comunidad a: 

  • Respetar la vida y dignidad de cada persona, sin discriminación ni prejuicios.
  • Practicar la no violencia activa, rechazando todas sus formas: física, sexual, psicológica, económica y social, en particular hacia los más débiles y vulnerables, como los niños y adolescentes.
  • Compartir mi tiempo y recursos materiales cultivando la generosidad, a fin de terminar con la exclusión, injusticia y la opresión política y económica.
  • Defender la libertad de expresión y diversidad cultural, privilegiando siempre la escucha y el diálogo, sin ceder al fanatismo ni a la maledicencia y el rechazo del prójimo.
  • Promover un consumo responsable y un modo de desarrollo que tenga en cuenta la importancia de todas las formas de vida y el equilibrio de los recursos naturales del planeta.
  • Contribuir al desarrollo de mi comunidad, propiciando la plena participación de las mujeres y el respeto de los principios democráticos, con el fin de crear juntos nuevas formas de solidaridad.

 

“La paz se construye con el reconocimiento del otro como un legítimo otro, tan valioso como yo”, Humberto Maturana, El sentido de lo humano (Santiago de Chile, Dolmen, 1991).

 

“¿Cómo podemos confiar en el establecimiento de la paz internacional cuando más del 75% de la riqueza del planeta está en manos de un 1% de la población mundial?”. Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz 2003.

“Guerra y paz en el siglo XXI”, de Eric J. Hobsbawm

En nuestra búsqueda de información reveladora nos topamos con este libro, autoría del historiador más leído en el mundo y uno de los pensadores más influyentes de la izquierda, Eric J. Hobsbawm, para quien “la historia se ha acelerado a un ritmo tan vertiginoso que amenaza el futuro de la raza humana”.

Nos habla en estas páginas de los grandes problemas que enfrentamos: la guerra, la paz y las posibilidades de un orden mundial; del proyecto imperial de los Estados Unidos y de cómo “un grupo de políticos ‘locos’ pretenden implantar su propia versión de la supremacía mundial”. También de los efectos de una globalización que acentúa las disparidades en el mundo, de la crisis del estado-nación, de las inmigraciones, el racismo y la xenofobia; de los peligros que nacen del miedo irracional al terror político o de las dificultades de mantener el orden público en un mundo violento en que circulan 125 millones de rifles de asalto… Problemas analizados por desde una perspectiva a la vez crítica y esperanzada, que contrasta con la mediocridad del pensamiento único que nos invade.

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