¡Orgásmico! Cuando el parto se da lleno de amor y placer

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, Cuerpo & Alma

Por Pamela Toribio Ilustración Nicoleta Ionescu

Si quedaste en shock cuando escuchaste a la amiga de tu amiga decir que tuvo un orgasmo al momento de dar a luz natural, te decimos está comprobado puede suceder. Pandora investigó qué hay detrás de todo esto.

Poco se habla del tema, sin embargo, algunas mujeres, tras experimentar largas horas de dolor en la zona pélvica debido a las contracciones, cuando por fin logran pujar lo suficiente y expulsar a su bebé pueden sentir un placer –y alivio– tan grande que ellas mismas definen como un orgasmo.

Sin embargo, de acuerdo a la terapeuta sexual y de pareja del Centro Vida y Familia Ana Simó, Heidy Camilo, hay mujeres que registran esta sensación porque durante el parto su encéfalo se inunda de oxitocina, la misma hormona que se percibe cuando se habla de orgasmo, pero en ese caso se trata de una relajación extrema y afectiva que facilita el apego con su bebé, no específicamente de placer sexual.

La oxitocina natural, no la sintética que se aplica en los hospitales, es una hormona que actúa en el cuello del útero (o cérvix) induciendo y manteniendo las contracciones uterinas necesarias para el nacimiento del bebé y alumbramiento de la placenta.

Hoy día, los avances tecnológicos que tantas vidas han salvado como la cesárea, epidural e inyecciones de oxitocina, son prácticas rutinarias en los partos hospitalarios. Sin embargo, antes todas las mujeres daban a luz gracias a la liberación de un potente cóctel de “hormonas del amor”, el mismo con el cual amamantaban a sus retoños. Actualmente, el número de mujeres que lo hacen contando solo con sus propias fuerzas es ínfimo.

Proceso evolutivo

Ina May Gaskin, la partera más famosa de Estados Unidos, en su guía para el parto natural, explica que la sexualidad asociada con parir en la antigüedad fue reconocida en todas las culturas ancestrales. Era un ritual meramente femenino y por tanto una mujer podía sentirse en confianza, dejarse llevar y experimentar la profunda conexión con su cuerpo, llegando incluso a experimentar placer y orgasmos durante la expulsión del bebé.

Y es que no existían tantos elementos distractores, sino que la intimidad la hacía sentir más cómoda con el proceso que estaba viviendo, muy diferente al actual, cuando dentro de sus expectativas internas también deben adaptarse a la idea de varias personas interviniendo: una enfermera que te toma la presión, un pasante de medicina enviado a hacer el tacto y por otro lado, tu doctor. Todo eso hace que la paciente se intimide y se ponga nerviosa. En consecuencia, estos factores, además de cualquier complicación que pueda presentarse, hacen de un momento que debería ser sublime, uno estresante.

En su libro, May comparte una encuesta a 150 mujeres donde el 20% reportó haber experimentado algún tipo de placer durante la labor de parto. Eso sí, en condiciones de privacidad, intimidad y relajación (generalmente fuera de los hospitales). Otras dijeron experimentar deseo sexual al inicio de las contracciones, y que masturbarse las ayudó a tener partos con poco dolor y a dilatar más rápidamente.

Cuando se habla de dar a luz, parece que a lo largo y ancho del mundo, a las hembras mamíferas de diferentes culturas el parto les provoca dolor en menor o mayor intensidad. Pero también es cierto que no se conoce una sola cultura en la que nadie interfiera en el proceso, sea forzando a las mujeres a parir en posiciones incómodas, indicando cómo tiene que hacerlo, presenciando o participando con rituales durante el parto… Por lo tanto, es difícil saber cómo serían los partos humanos sin intervención alguna.

¿Cómo tener un parto sintiendo placer?

El portal Mente Sana plantea lo siguiente:

* Hazte consiente. Para empezar, es importante tener orgasmos con regularidad y debes entrenarte para sentirlos en el útero. Piensa que es un conjunto de músculos y, como tal, necesita una ejercitación para tener tonicidad.

* Relájate. Si la oxitocina estimula el parto, la adrenalina lo inhibe cerrando el cuello del útero. El miedo, frío, sentirse observada, el no saber qué pasa a tu alrededor son factores que causan la segregación de adrenalina y ésta no permite que se abra suavemente el cérvix. Hay que evitarlos pariendo en una atmósfera tranquila, segura y con absoluta intimidad. Puedes hablar con tu doctor y especificarle que necesitas la menor cantidad de personas posibles en la sala.

* Cambia lo que dices. Las palabras que usamos en la cotidianidad son mensajes que se graban en el cerebro y crean la realidad. Mientras sigas afirmando que parir duele, dolerá. Llena tu encéfalo de mensajes como: parimos con la hormona del amor, es el acto más emotivo para ti y tu bebé, dar a luz es placentero, tu cuerpo está diseñado para eso.

* Crea el mejor ambiente. Si quieres tener un parto lleno de amor y placer, prepara la estancia en la que nacerá tu hijo: asegúrate de no pasar frío, pon luz tenue (la oscuridad activa la melatonina, que a su vez inhibe la actividad del neocórtex, por lo que nos conectamos mejor con nuestro “yo” menos “pensante”), música relajante, sin muchos observadores ni nadie que te hable o haga pensar. Prepárate para un viaje interior.