Ahora cree que no lo quiero

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, Ana Simó dice…

Hola doctora. Soy una mujer de 25 años y mi pareja tiene 33; tenemos una relación de dos años. Después de varios meses juntos quedé desempleada. Él tenía su trabajo, pero con el tiempo tuvo algunos inconvenientes y las cosas se pusieron difíciles para los dos, sin embargo, pasé la mejor etapa de mi vida con él.

Vivo aún con mis padres y tuvimos mil problemas familiares por cosas que él decía y hacía, pero aún mi familia teniendo la razón nunca rompí la relación, pues nadie es perfecto y lo amo.

El caso es que todo esto pasó y también llegó el momento en que él se estabilizó económicamente. Ahí comenzaron los problemas. Nunca tenía tiempo, además surgieron inconvenientes con su ex esposa, que aunque no tienen lazos, quería estar llamándolo y enviándole mensajes de amor. Yo no le di importancia, pero después ocurría con frecuencia. Me dolió que él quisiera que aceptara esto; fue tan bárbaro que yo misma tuve que contestar una llamada y ponerla en su lugar, cosa que no me correspondía. Le dije que buscara otra o se casara nuevamente con su ex, reacción que lo obligó a ponerla en su lugar; eso me creó desconfianza. Cierto día también entramos en una discusión porque vi unos mensajes que le devolvió a una desconocida, como coqueteando con ella. Yo le reclamé un poco alterada y me confesó que había decidido no casarse conmigo por mi forma de ser. Me dio tanta rabia que me desplomé y cuando me vio llorar me consoló y me dijo que me amaba, pero que tenía que cambiar. Le propuse darnos un tiempo pero él no aceptó.

Hoy ya no tenemos inconvenientes, pero me propuse aplicarle la ley del hielo, y él ha notado que estoy distinta. Yo le digo que lo amo igual, aunque le estoy demostrando lo contrario. De verdad tengo rabia porque después que me eché a mi familia encima por él, me pagó tan mal. Anónimo

 Querida: La primera cuestionante que debes responderte es: ¿Por qué estás con él? Sé que dirás que lo amas, pero no es suficiente. Quiero que evalúes tu relación, que busques en tu interior el motivo que te mueve a seguir con alguien que te ha demostrado que no eres su prioridad. Y con esto no quiero que pierdas la esperanza, sino más bien que valores tu posición y entiendas que la ley del hielo no es lo correcto, sino más bien confrontar, aunque nos duela, para solucionar los inconvenientes.