#RecordandoaMartha El poeta

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Como poeta al fin, nunca habla de la cotización del dólar, el costo de los carburantes o la inestabilidad en los precios de los productos de primera (y hasta de segunda) necesidad. ¡Es que eso no es propio de los poetas! El pobrecito poeta hace cuatro años está sin trabajo y la verdad es muy exigente a la hora de escuchar cualquier oferta (porque a los poetas tampoco les gusta empezar los días con prisa. Prefieren contemplarlos desde una ventana. Ni disfrutar un café frente a un computador y encerrado en una oficina, sino desde un balcón y contemplando una pecera). En fin, que los poetas odian los rigores, el reloj, los ajetreos y todas esas cosas ordinarias, a las que Sonia -por no ser poeta- está y ha estado sometida.

Un día, tratando de ser amable, me puse a buscarle conversación y le pregunté quiénes eran sus preferidos: si Borges, Lezama Lima, Álvaro Mutis, Luis Palés Matos o Miguel Hernández. “De los primeros sé muy poco”, me dijo. “Debe ser porque pertenecen a una generación de nóveles poetas a los que no he dado mucho seguimiento”, se justificó, mientras Sonia, vía telefónica, hacía contactos para conseguir una tercera forma de ingreso, debido a que vivir con un poeta implica necesariamente esfuerzos adicionales para cualquier mujer. Y aclaró: “Pero a Miguel Hernández, sí. A ese sí lo conozco. Lo he visto en la televisión, en el programa El cuarto poder. Lo que en verdad no sabía es que él también era poeta”. Dicho esto se retiró a su estudio/biblioteca a seguir produciendo. No quise decir nada (porque a los poetas tampoco les gusta que los hagan quedar en ridículo). Sonia, como no se enteró, le sigue llamando El poeta. Algunos conocidos le llaman El vividor. Nunca he sabido por qué.