¡Emociones! ¿Por qué se reflejan en nuestro estomago?

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Por Leandro Sánchez – Fotos Angkrit

Carmen, de niña siempre quiso ser bailarina. Cuando le pidió a sus padres la inscribieran en clases de ballet, la respuesta fue un “no”, pero por razones meramente económicas. En aquel entonces su familia atravesaba una crisis muy fuerte. Sin embargo, una vez superada decidieron cumplir el sueño de su pequeña: la inscribieron en una academia cercana a su hogar. Feliz esperaba cada sábado sus lecciones, las disfrutaba sobremanera hasta que le fijaron la fecha de su primer examen. Mientras recibía la noticia su semblante cambió totalmente… A pesar de que faltaban semanas, el sólo hecho de pensar que sería evaluada ante un jurado la hacía temblar las piernas. Y así fue, llegó casi “arrastrada” por sus padres, quienes no entendían el por qué de su temor, de su fuerte dolor de barriga que le costó varias veces ir al baño antes de entrar al salón, y que no fue necesario ya que tuvieron que regresar a casa. En conclusión, no se examinó.

¡Qué extraño!, podrán decir algunos. Pero aunque lo parezca, no lo es. “Es frecuente que en situaciones estresantes o muy emocionantes las personas sientan que también se reflejan en su sistema gastrointestinal, de diferentes formas: sensación de maripositas en el estómago o algunas no tan agradables como dolor, diarrea, nauseas y vómitos, entre otras”, explica la Dra. Claralí Almonte Núñez, gastroenteróloga, endoscopista y nutrióloga.

Si intentamos buscar una relación anatómica valida, tendríamos que explicar la función del nervio vago, que interactúa con el sistema nervioso central y provoca reacciones motoras en varios órganos del tracto digestivo, entre ellos el estómago. “El nervio vago ayuda a regular los latidos cardiacos, controla el movimiento muscular, ayuda en la respiración y transmite una variedad de sustancias químicas a través del cuerpo. Es responsable de mantener el tracto digestivo en buen funcionamiento, contrayendo los músculos del estómago y los intestinos, para ayudar a procesar los alimentos; envía información sobre lo que se digiere y lo que sale del cuerpo”, explica la especialista (@draclaralialmontegastro).

Y añade que “cuando éste es estimulado, la respuesta es a menudo una reducción de la frecuencia cardiaca o la respiración. En algunos casos, si resulta excesiva puede causar que alguien tenga lo que se conoce como respuesta vaso-vagal, que trae como consecuencia un desmayo”, lo que podría explicar en parte por qué un susto o una emoción puede reflejarse en el sistema digestivo.

Por eso no resulta extraño que hoy día el estómago sea considerado el segundo cerebro, al influir en nuestro estado de ánimo y sistema inmunitario. Encontramos la razón en que, de los millones de neuronas del sistema digestivo, algunas comparten terminaciones nerviosas con el cerebro.

Enfermedades como el síndrome de intestino irritable, la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn pueden presentar descompensación o crisis seguidas, en momentos de mucho estrés. Y aunque no es la causa que produce dichas patologías, sí se asocia a episodios. Esto se ha tratado de explicar dada la interacción nerviosa anormal entre el intestino y el cerebro, llevando a una hiperrespuesta que provoca dolor y hasta diarrea, por los espasmos. “Es cierto que alguna de estas situaciones no implican una terapia especifica, pero en los casos que altere la calidad de vida del paciente, además del medicamento apropiado para la enfermedad base, el ejercicio juega un papel terapéutico transcendental en la mejoría de los casos”, manifiesta Almonte, quien consulta en el Centro de Obstetricia y Ginecología. “Disciplinas como el yoga y la natación, entre otras, gozan de mucha aceptación y buena respuesta”, concluye. P

“Enfermedades del sistema digestivo como la gastritis, acidez gástrica, dolor abdominal o colitis, pueden agravarse cuando la persona sufre estrés, ansiedad, nerviosismo o cualquier alteración emocional”.

Dra. Claralí Almonte, gastroenteróloga, endoscopista y nutrióloga

Cambio de rutina

Un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard asegura que los trastornos gastrointestinales como la inflamación, dolor abdominal, diarrea y estreñimiento se presentan en el 70% de la población, y afectan más a mujeres que a hombres. Entre los  consejos dados, además de un control de las emociones, citan:

  1. Respiración profunda. Inhala de forma lenta para que los músculos que se encuentran en la parte alta del abdomen se muevan de forma rítmica. Este método genera más oxígeno en los pulmones, garantizando una mayor ventilación y purificación del cuerpo.
  2. Meditación. En esta disciplina eres consciente de las emociones, y la puedes practicar en cualquier lugar; basta con pensar algo positivo que te genere paz. Al hacerlo de forma cotidiana mejoras la concentración, la relajación y reduces el estrés. Se puede combinar con algunas posturas de yoga, que además de relajar ayudan a que el sistema nervioso se sosiegue.
  3. Terapia. Los psicoterapeutas guían a las personas a encontrar el origen del estrés, a cambiar los pensamientos y emociones que influyen en la producción de malestares digestivos.
  4. Dieta. Si consumes lácteos fermentados como el yogurt con probióticos, puedes disminuir la intensidad y la aparición de malestares digestivos menores como sensación de inflamación, ruidos intestinales, gases y malestar general.