Tu propio maratón

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Recientemente tuve la oportunidad de ver en vivo un poco del Maratón de la ciudad de Nueva York, uno de los más importantes del mundo. Más de 50 mil personas de diversas nacionalidades se dieron cita para correr por “su causa”. Digo esto porque aunque muchos lo hacen con la posibilidad de obtener el primer lugar, otros lo hacen por un motivo que va más allá de ganar una medalla.

Contemplando a quienes corrían desde la ventana de un hospital atraída por los gritos en altavoz de un hombre que los animaba –sin conocerlos– a continuar y les recordaba que estaban haciendo un buen trabajo, me di cuenta que todos corremos nuestro propio maratón. Para algunos, el propósito es llegar a la meta en el lapso de tiempo más corto, para otros, quizá lo sea demostrar su fortaleza independientemente de las horas que les tome cruzar la recta final o que un periodo de enfoque trae buenos resultados. También están aquellos que simplemente corren para divertirse, con pelucas, tutús o cualquier otra pieza que denote “esto es sólo por diversión”.

Además del caballero con el altavoz, muchos familiares “corrían” junto a los participantes. En algún lado de la acera y en medio del clima de un frío otoño en Nueva York, muchos esperaban por sus seres queridos para a través de un abrazo demostrarle su apoyo incondicional.

No tardé mucho para entender que así mismo es la vida.

En algunas etapas nos tocará correr para llegar en los primeros lugares (no está mal tener un poco de ambición), en otras para superarnos a nosotros mismos; también tendremos que detenernos para recibir palabras de aliento, fortaleza y fe porque el camino no siempre será recto. Mi consejo: intenta divertirte en la mayoría de tus carreras; no olvides llevar a tu familia y amigos contigo (tus mejores y mayores animadores), y agradece a quienes sin conocerte toman de su tiempo para aplaudirte.