WCW: Iamdra Fermín

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 Coordinación Airam Toribio Fotografía Simón Espinal  Maquillaje Alejandra Matos

Hace un año tuvimos a Iamdra en nuestra portada, aquella vez con Rodrigo aún en la barriga. Así que decidimos preguntarle acerca de lo vivido en su reciente maternidad. Con ella estrenamos nuestro nuevo segmento: Confesiones.

En todo este proceso viví la montaña rusa emocional más loca de toda mi vida. Cuando empezaron las contracciones lloré del miedo por la expectativa de ver mi vida cambiada y criar a un bebé. Lloré del dolor con las contracciones de parto. Lloré al ver a mi esposo llorando por primera vez cuando vio a nuestro hijo recién nacido. Me sentí como la mujer más fuerte del mundo cuando me pusieron a este muchachito en los brazos. Cuando llegué a la casa lloré de felicidad al ver esta belleza que Dios me había regalado. Luego, me puse muy triste. Era un lío de emociones, estaba contenta y deslumbrada con mi bebé, pero me entraba una tristeza repentina… me hacía falta sentirlo dentro de mí. Recuerdo que en las noches le decía a mi esposo “abrázame por favor, abrázame la barriga”. Entonces, me sentía mal por estar triste… ¿Por qué rayos voy a estar triste si tengo este niño hermoso y sano? Después me explicaron que al perder la placenta, con ella se van muchas hormonas y eso afecta la manera en que te sientes; se llama baby blues.

El cuerpo me cambió radicalmente. Cuando me vi en el espejo tras dar a luz, quedé en shock, parecía que tenía un bebé adentro todavía, como un embarazo de cinco meses. Realmente me recuperé bastante rápido, pero me sentía muy extraña y de hecho, todavía me siento así. He rebajado, pero mi cuerpo no es el mismo de antes.

La lactancia no fluyó tan naturalmente. Las primeras dos semanas fueron bien complicadas, me dolían los pezones porque estaban agrietados. Luego se me acumuló leche en un seno y no salía con el extractor, tuve que darme masajes y ponerme paños tibios para evitar una mastitis. Gracias a Dios no pasó y ya Rodrigo y yo somos expertos en la lactancia.

 4 Me lo dijeron pero juraba que iba a ser de las que tendría niños dormilones. El no dormir lo suficiente me puso de muy mal humor y triste. Es como si fuera otra persona, menos tolerante, menos empática, explosiva… eso generó roces con mi esposo. Entonces, para volver a ser la Iamdra de antes, decidí dormir. No me queda más remedio que acostarme a la misma hora del niño (7:00 p.m.), y básicamente no veo a mi esposo. Estoy intentando encontrar el equilibrio en todo esto, todavía.

 5 Mis prioridades son otras. Tengo mucho deseo de salir con mis amigas, pero suplir las necesidades del niño es lo más importante. A veces quiero ir a un restaurante, pero priorizo descansar para funcionar al día siguiente.

En el embarazo idealicé tener un hijo, lo veía todo muy sublime, muy hermoso, y lo es. Pero cuando nació, me di cuenta que es el trabajo más difícil que he hecho, y que había perdido para siempre mi independencia. Aunque la he ido ganando de vuelta poco a poco, nunca la voy a tener completamente. Hasta que lo vives, por más que te lo adviertan, no lo entenderás.

Uno piensa que el bebé va a retribuirte inmediatamente. Visualizas esos bebés de ocho meses, gorditos, risueños… Los bebés recién nacidos se ponen bizcos, únicamente sonríen de manera involuntaria. Tú lo lactas, lo cuidas, lo abrazas, no los dejas llorar… y ellos si acaso te miran. Recuerdo que llamé a mi amiga Crystal y le dije “Este niño no me quiere”. Ella me respondió: “Sientes eso porque aún no te ha sonreído despierto, dale tiempo y ya verás”, y así fue.

Mi mamá se convirtió en una heroína. Cuando vi su destreza para entretenerlo, su disposición para quedarse con él mientras yo dormía; el sacrificio que yo estaba haciendo y que ella seguro tuvo que hacer con sus cuatro hijos y en condiciones complicadas (a diferencia de las mías). Ahora la veo con otros ojos y cada día la quiero más. Es más, a mis amigas que tuvieron hijos antes que yo hasta les pedí perdón por no haberlas acompañado en el proceso, como no lo estaba viviendo, simplemente no lo entendía.

La licencia de maternidad es necesaria, pero muchas veces deseé volver al trabajo. Quería sentirme como la “Iamdra de antes”. Eso me hizo querer hacer todo lo que hacía antes de Rodrigo, pero bueno, habrá que esperar un poco más para eso (risas). P