Él, yo y su hijo (o él y su hijo… y yo)

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, Familia

Por Limay González Foto Conrado

“Asegúrate de que no tenga hijos”, suele ser un punto obligado en la larga lista titulada: “El hombre perfecto”. Pero las cosas no siempre son como te dicen o podría ser. Hay muchas probabilidades de que ni él sea perfecto ni “totalmente” libre. Es ahí cuando, sin imaginarlo, terminas siendo madrastra

Siempre recuerda que se miraron fijamente y que ella se sentía terriblemente ridícula con un vestido corto de vuelos que se le subía y zapatos de punta súper fina, con el sol disparándole directamente en aquel parque en el fin del mundo (que conste que se vistió para otra cosa).  Se había cortado el cabello el día anterior y era lo más parecido a Olivia Newton-John en Grace, lo que, en pleno 2013 era casi un sacrilegio. Estaba segura de que la chiquilla se reía de ella. La típica escena madrastra nueva- hijastra. Podía sentir sus ojos de burla. Él se la presentó al lado de un tobogán, en el mismo momento en que los chillidos de uno de los invitados le destruían el tímpano para siempre. ¿En qué se había metido? Hoy, cuatro años después las dos se burlan de aquello “Eras una especie de Carrie Bradshaw en decadencia”, le dice ella.

 “No lo resistí, no pude, no estaba dispuesta a soportar ciertas cosas. No era para tanto”, dice, por otro lado, Michelle.

Él tiene hijos, ¿y qué?

En la descripción de la palabra “madrastra”, hasta el diccionario es injusto. Chequea el significado y verás dos posibilidades:  “Esposa del padre de una persona, que no es su progenitora (esto está bien, ok, uno se puede adaptar); o, y aquí está la injusticia universal, “madre que trata mal a sus hijos”. Con esto como comienzo de la historia, nada puede ser fácil.

Repasemos nuestra lista de madrastras: Julia Roberts en Stepmom; Jennifer Aniston vuelta Rachel Green y Ben, el hijo de Ross; o Meg Ryan a punto de convertirse en madrastra en Sleepless in Seattle (en esta última toca suspiro). Hay de todo un poco.

“No lo resistí, no pude, no estaba dispuesta a soportar ciertas cosas. No era para tanto”, dice, por otro lado, Michelle.

No todo el mundo es igual. Pero si das el paso, detente, no corras, respira profundo y enfócate, te aseguramos que no es el fin del mundo.

Si se trata de consejos, aquí están.

Hemos consultado sicólogos, terapeutas, libros, madrastras, hijastras, esposos y a las más sabias, las abuelas. De todos hemos escuchado algo y al final, salvo consejos que se repiten, debemos ser sinceros y decirte que no hay una fórmula mágica para esto, como para casi nada. Ve lento, pero seguro. Luego todo será más fácil.

Jamás se te ocurra decir una frase tan fuera de sentido como: “O ella o yo”. Es el colmo del absurdo ponerlo a elegir entre sus hijos y tú. Ni hagas eso ni alargues una pelea con ellos. Trata de encontrar siempre la forma de pactar, entenderse, sentarse a conversar. Entrar en guerra con los hijos de tu esposo, en la mayoría de los casos, te convierte en una perdedora.

Si eres de las que sabe ganarse la confianza de los otros, tienes algunas cosas a tu favor. Conviértete en ejemplo y amiga, en mediadora con papá, en un ente que une y trae paz a la relación, siendo capaz, incluso, de enriquecer ese cordón padre-hijo. Ayúdalos a construir grandes momentos juntos y disfruta de lo que ellos van forjando. Así todos serán mucho más felices.

No quieras estar siempre. Sé capaz de brindarles su espacio. Los padres necesitan estar a solas con sus hijos, conversar, entenderlos. No dinamites estos momentos. Eres importante, sí, pero tan importante que eres capaz de propiciar esta libertad.

Intentar sustituir a la mamá es un error. Por favor, evita ese síntoma, que no te dé por intentar cocinar mejor que… ser más divertida que… propiciar mejores espacios que. Sé tú, con tus defectos y virtudes. Tu rol no es ser su madre. Mejor comienza tratando de ser amiga y más tarde, si ellos lo permiten, puedes llegar a ser alguien más importante en sus vidas.

Tienes que mentalizarte y estar lista para que el niño mencione a su mamá, incluso te compare con ella.

Entiéndelo y dale tiempo, poco a poco le dará a cada una un espacio.

Y lo más importante: ser capaz de mantener una comunicación fluida con tu pareja sobre este tema. Ambos deben estar de acuerdo en cómo tratar a los niños, qué es correcto y qué no, qué se les debe permitir. Tu llegada no anula las responsabilidades de papá, sino todo lo contrario.

Aceptar este nuevo rol requiere una buena dosis de madurez, paciencia y disposición. El camino puede estar lleno de sustos, pero también de grandes momentos. ¿Lista?

 

“Fue un largo período de adaptación”, dice Iris, quien, a sus 36 años lleva cinco viviendo con su esposo y la hija de él. “Hay que tener paciencia y querer que las cosas salgan bien. Y eso no es de un día para otro. Siempre habrá problemas, celos, pero si logras hacer las cosas bien, terminas, como en mi caso, teniendo una hija y una amiga”.