Magia y ensueño, eso fue Cascanueces 2017

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El esfuerzo mancomunado de este espectáculo vio sus frutos en la Carlos Piantini del Teatro Nacional.

 

Por Leandro A. Sánchez

La noche del 17 de diciembre de 1892, en San Petersburgo, Rusia, fue para recordar y de gran emoción. En el teatro de esta ciudad el público no cesaba sus aplausos para coronar el nuevo ballet que acababan de presenciar. Era el estreno de “Cascanueces”Desde entonces se ha convertido en una de las presentaciones más populares entre los niños y un clásico, casi obligatorio, en los días previos a la Navidad, en los principales escenarios del mundo.

Tal como ocurrió en aquel entonces, los amantes del ballet y la buena música de nuestro país tuvieron la misma oportunidad el pasado jueves 14, sábado 16 y domingo 17 del corriente, asistiendo a “Cascanueces 2017”: un derroche de placer estético y emocional.

El clásico de la época dijo “presente” ante un público que esperaba con ansias este montaje; posible gracias a la encomiable labor de la Fundación Amigos del Teatro Nacional, el Patronato Dominicano por la Danza y el Teatro Nacional Eduardo Brito.

En una nueva producción, versión de la maestra Catana Pérez, a partir de la de Ernst Hoffman, y la coreografía original de Carlos Veitía, la maravillosa y seductora música del ruso Piort Ilich Chaikovski cobró vida en los miembros del Ballet Nacional Dominicano, la Escuela Nacional de Danza y el Ballet Concierto Dominicano, quienes demostraron que la danza nacional, al día de hoy, se encuentra al nivel de cualquier compañía internacional. En escena se destaca la dominicana Jennifer Ulloa, del Ballet del Sodre, de Uruguay, dirigido por el reconocido Julio Bocca; Máykel Acosta y María Valeria Melogno del Ballet Nacional Dominicano; Narciso Medina, del Ballet Nacional de Cuba, y el dominicano Marcos Rodríguez. Todos con una participación inmejorable que llena de orgullo y demuestra nueva vez más que nuestra nación cuenta con el talento suficiente para que la danza sea una expresión artística que reciba más apoyo por parte del sector público y privado.

Durante sus tres días sobre las tablas, resultó emocionante ver a los presentes maravillados por varias razones, entre ellas la muy bien trabajada escenografía, creación de Fidel López, a juego con la iluminación y efectos especiales de Bienvenido Miranda. A esto se suma el cuidado vestuario empleado en cada una de las escenas, lo que resultó un despliegue de belleza  sinigual.

El “Vals de las nieves”, “La transformación”, “Mamá Jengibre” y el “Gran paso a dos”, fueron de los números que más ovaciones recibieron por su vistosidad, gracia y profesionalismo en escena. Lograron impregnar de fantasía el ambiente, transformándolo en uno romántico y pleno de magia… Y es que Cascanueces es mucho más que un ballet. Es el poder del amor transformado en danza clásica, pero sobre todo en una música que enamora y conmueve, y que gracias al anhelo y visión de Catana Pérez se pudo materializar de la mano de un equipo profesional y técnico de alta calidad. A ellos las gracias por brindarle al pueblo dominicano la oportunidad de incrementar su sensibilidad artística, pues son conscientes de la importancia de la evolución cultural de las naciones. Y qué mejor forma de cristalizar este fin común que a través de las bellas artes.