#TBT Tres enfoques de violencia por Martha Sepúlveda

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, Cuerpo & Alma

Por Martha Sepúlveda Foto AP

La primera vez que escuché hablar sobre violencia intrafamiliar y doméstica no sabía exactamente de qué se trataba. Primero pensé que se refería a discutir con familiares delante de la doméstica (la cual, por más confianza que uno le tenga y aunque duerma con uno bajo el mismo techo, no es realmente de la familia) y luego se me ocurrió que, por el contrario, tenía que ver con el hecho de regañar a la doméstica delante de familiares (entre los cuales, por más buenos sentimientos que se tenga, casi siempre aparece uno más cruel o burlón).

Para la segunda vez, era ideológicamente más madura y sabía que faltaban señales físicas, tangibles y visibles para hablar con propiedad de violencia. Fue entonces cuando reparé en que mi prima Lila tenía en un muslo una horrible marca producto de una quemadura de plancha, que en el centro de la cabeza le faltaba cabello porque el abanico de techo se lo había llevado (con pocas probabilidades de regeneración), y que en su frente sobresalía un chichón irreversible e inoperable causado por el pitón de su olla de presión cuando ésta explotó por exceso de calor. Todo esto sin querer recordar las innumerables veces que se cortó los dedos con los cuchillos eléctricos, la procedora de alimentos y la licuadora; la vez que casi se quema las pestañas al abrir el horno repentinamente o el día en que su brazo derecho quedó como trenza al intentar sacar una ropa blanca que había echado por error en la lavadora con otras piezas de color.

La tercera vez lo escuché de mis propios labios. Y fue mi propia voz la que aclaró mis dudas. Fue cuando otros de mis ex (novio número 13, del que hubiera querido no hablar) me soltó una mirada “hitleriana” y se apretó las manos haciendo sonar los dedos como estillas rotas. No dijo nada. Pero con su manual gesto de tirano y aquella mirada inolvidable avisó todo lo que sería capaz de hacer y de decir. Yo, lo mismo: dejé bien claro todo lo que no estaba en capacidad ni disposición de escuchar o soportar. Y lo dejé.

 

Martha Sepúlveda

Escrito publicado en la edición 04/ Mayo 16 2003