Tres cosas que aprendimos de Cleopatra

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Por Pandora RD / Imágenes: Shutterstock y fuente externa

Como una vez dijo Harold Bloom, crítico y teórico literario estadounidense, “Cleopatra fue la primera celebridad del mundo.” Se la conoce por ser la mujer más poderosa de su época, por su impresionante presencia, su ambición, inteligencia y su capacidad de seducción.

Mas de dos milenios más tarde tras su muerte, todavía la humanidad quiere descubrir más sobre su historia, su personalidad, sus secretos y su aspecto. Hasta hoy sabemos que fue nacida criada y en Grecia, no en Egipto, mantuvo relaciones amorosas con dos poderosos de ese tiempo, Julio César y Marco Antonio, y heredó el trono a los 17 años. Cleopatra, la última reina de Egipto, siempre supo que debía ganarse a su pueblo que la consideraba una forastera, se casó con su hermano de 12, pero no compartió el trono, y a pesar de la caída de su imperio y su exilio, esta musa inagotable no dejó nunca de lado su ambición.

Hace dos días se cumplió un año más de su muerte – 12 de agosto del 30 a.C – y queremos recordar tres hábitos de esta enigmática mujer que aprendimos de ella en cuanto a la moda, auto cuidado y manera de pensar.

 

La seguridad en si misma impacta más que la belleza

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Si bien es cierto que cuando pensamos en Cleopatra, pensamos en la apariencia de Elizabeth Taylor, protagonista de la segunda película de este personaje histórico ganadora de cuatro premios Óscar, a lo largo de los años los historiadores describen a la última reina de Egipto como encantadora, más que bella.

Cleopatra no era tan hermosa como encantadora; se hablaba más de su personalidad atractiva, inteligencia y modales refinados que de su belleza física. Así lo explica Plutarco, biógrafo y filósofo griego mas o menos contemporáneo a su época:

No era tal que deslumbrase o dejase parados a los que la veían; pero su trato tenía un atractivo inevitable, y su figura, ayudada de su labia y de una gracia inherente a su conversación, parecía que dejaba clavado un aguijón en el ánimo. Cuando hablaba, el sonido mismo de su voz tenía cierta dulzura, y con la mayor facilidad acomodaba la lengua como un órgano de muchas cuerdas al idioma que se quisiese.

Una mujer que despierte admiración incluso milenios después de fallecida y que sea símbolo de seducción y belleza sin necesariamente ser esto último, solo puede traducirse en el poder de la confianza en sí.

 

Se vestía para el éxito

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Muchas veces se subestima la capacidad que trae nuestra manera de vestir y de arreglarnos en nuestra idea de nosotras mismas, Cleopatra no. No necesariamente se considere una referencia la industria de la moda, pero si es cierto que Cleopatra posicionó la moda como una herramienta de poder y posición. Utilizaba la forma de vestirse como una de sus tácticas de atracción y era un reflejo de sus ambiciones.

La primera vez que se presentó ante su amado, Marco Antonio, militar y político romano, lo hizo vestida de Afrodita, la diosa de la belleza, el amor, el deseo, la lujuria, el sexo y la reproducción en la mitología griega. 13 años – en los que nada se interpuso entre ellos – Marco Antonio pone fin a su vida creyendo que Cleopatra había muerto, y ella para salvar la dignidad de su pueblo, dispuso su muerte con la mordedura de una cobra, no sin antes vestirse como reina egipcia.

 

Nos dio pautas sobre el maquillaje y cuidado de la piel

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Cleopatra y su pueblo fueron pioneros en el uso del maquillaje, aunque este vino a evolucionar y a desarrollarse a partir del Renacimiento. Se dice, que usaba esencias naturales y aceites perfumados para rociar su cuerpo y mantener su piel flexible y tersa. Del mismo modo, usaba fragancias y aromas en sus aposentos para recibir a sus invitados.

Empleaba baños de leche de burra y miel para lograr tener una piel más humectada y sedosa, dos ingredientes aún muy utilizados para las mismas finalidades.

En cuanto al maquillaje, para los egipcios y para ella, significaba un lazo con los dioses, por lo que su uso no solo era por razones estéticas. Se presume que Cleopatra era de piel blanca, y que utilizaba una pasta negra (khöl) para agrandar el tamaño de sus ojos, dándole forma de pez al ojo y remarcando las cejas, estos eran realzados además con sombra verde y brillo de nácar en polvo. Así mismo usaba también polvo de carmín en las mejillas y ocre rojo para pintar sus labios.