“Aún estoy cultivando mi jardín interior; me falta mucho por crecer”

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Por Leandro A. Sánchez

 

María de Fátima Geraldes es uno de los rostros más destacados de la escena pianística nacional de los últimos tiempos, sobre todo porque ha sabido mantenerse de la mejor forma en un mundo catalogado por muchos como “difícil”. Pero cuando se nace con esta vocación es imposible seguir otros rumbos.

Su vida es un ejemplo de que la tenacidad, criterio, compromiso y respeto por la música tienen su recompensa, tarde o temprano. Todo depende del cristal a través del cual se mire.

Con ella conversamos sobre sus inicios, recuerdos, preocupaciones y planes futuros.

 

Cuéntenos un poco acerca de su formación académica-profesional… Desde que tengo uso de razón, mi madre, Mary Siragusa de Geraldes, profesora de piano y una de las fundadoras del Conservatorio Nacional de Música, me puso en contacto con el instrumento siendo una bebé. Después de finalizar los cursos superiores en el Conservatorio, a los 17 años me fue concedida una beca de la Fundación Gulbenkian de Portugal, y partí a Florencia, Italia. Luego continúe mis estudios en la prestigiosa Academia de Música de Viena, Austria.

¿Algún recuerdo especial que marcó su carrera musical? Mi debut a los 18 años en la Sala Cinquecento del Palacio Vecchio, en Florencia. Así como la primera vez que toqué como solista junto a la Orquesta Sinfónica Nacional Dominicana, en el Festival de Conciertos de Beethoven; fue un momento maravilloso, de camaradería, hermandad y colaboración mutua.

¿Sintió temor en algún momento por la profesión elegida? Nunca. Siempre tuve el apoyo incondicional de mi familia. Los trabajos, grabaciones, invitaciones, giras, recitales, proyectos… me llegaban como actos milagrosos de Dios. Siempre me sentí afortunada; oportunidades que no buscaba ni perseguía, me eran ofrecidas sin ningún esfuerzo.

¿Qué significó para su familia esta decisión? Orgullo y bendición.

¿Qué debe ser vital en la carrera de todo pianista? Escucharse a sí mismo, no caer en la práctica mecánica de sólo mover los dedos para poder tocar rápido y entrar en competencia con quien toca a más velocidad. Leer, cultivarse en todas las ramas del arte (música, literatura, opera, ballet…). También escuchar grabaciones de los grandes de antaño; olvidarse un poco de los medios y cultivar un mundo interior, que a falta del mismo, las interpretaciones suenan vacías y no tienen una cultura necesaria que sirva de referencia.

Es de las pocas pianistas-solistas de nuestro país, ¿cómo ha logrado mantenerse? No me considero vigente, toco sólo por el placer de hacer música y dar todo lo que pueda expresar a través  de mis sentimientos y mi corazón. Ahora ha entrado en vigencia otra generación de pequeñas divas dedicadas a la promoción, a los medios y a la publicidad, son talentosas y bellas… pero el tiempo tiene la última palabra de quién permanece y puede crecer en un medio ferozmente competitivo, tanto aquí como internacionalmente. Voluntariamente ya no participo de ese mundo. Aún estoy cultivando mi jardín interior; me falta mucho por crecer.

¿Realmente es tan difícil vivir de esto, como se dice… o es un mito? En este momento sí. Hay miles de músicos en todas partes sin trabajo, con doctorados, maestrías, agentes… La población mundial y el cierre de muchas orquestas y casas de óperas hacen de la música un oficio cada vez más difícil. Veo cómo vienen al país profesores extranjeros en búsqueda de talentos para llevárselos. Esto quiere decir que las carreras técnicas, rápidas, nos han ganado la batalla. En este momento hay que tener mucho valor y constancia para continuar.

¿Tiene un repertorio particular, o toca de todo? Toco de todo, dentro del ámbito académico (ópera, ballet, música de cámara y sinfónica, recitales…). Pero me he dedicado a divulgar la música dominicana con la producción de 4 CD para piano solo que abarcan más de un centenar de obras. Ese, creo que ha sido mi mayor aporte a la música.

¿Es imprescindible salir del país para poder destacarse? Definitivamente. El que no sale de este pequeño espacio insular nunca podrá saborear lo que es el estudio sistemático; escuchar los grandes intérpretes… en fin, conocer la vida musical en todo su esplendor y gloria. Recomiendo sobre todo Europa, donde está la tradición, el respeto y el gusto por consumir música al más alto nivel.

¿Cómo le gustaría ser recordada? Como una pianista que siempre mantuvo un espíritu joven e innovador, que se ocupo de dejar un legado entre sus alumnos, y sobre todo, por ser una investigadora y divulgadora de la música dominicana.

¿Qué le recomendaría a los jóvenes pianistas que intentan abrirse paso? Que tengan humildad y que estén conscientes de que el talento debe ser superior a la ambición; que no hay que precipitarse. También, escuchar a los grandes con atención y saber que hay miles de músicos que tocan mejor que tú.

¿Está satisfecha con lo logrado al momento? No, nunca lo estaré ni lo he estado. Soy extremadamente crítica conmigo misma; siempre pienso que lo pude haber hecho mejor.

¿Qué opina del trato que se le da la música clásica en nuestro país como parte de las políticas culturales? Es la historia de siempre. Nunca habrá suficiente apoyo donde hay tantas necesidades. Creo que sólo cuando se crearon las más importantes instituciones artísticas del país fue el momento más esperanzador de nuestra historia musical.

Proyectos actuales y futuros… Tengo en carpeta un recital en honor a mi maestro y mentor, Manuel Rueda, así como seguir grabando obras dominicanas inéditas. También un recital a dos pianos con mi colega mexicana Silvia Navarrete y otro disco con obras clásicas del repertorio universal. Espero que me inviten a tocar en una temporada como solista con la Orquesta Sinfónica Nacional. Sé que  la competencia es grande, en un medio como este, donde hay solistas jóvenes deseosos de foguearse y darse a conocer. Aún no he perdido la esperanza de que algún día me inviten.