El tiempo ideal antes de decir “sí, acepto”

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Por Patricia Crusset Fotos Shutterstock

“Ese tiempo ideal no existe. El noviazgo, como antesala del matrimonio, es el espacio que la persona debe darse para conocerse, y ese tiempo va a depender de varios factores: la madurez que tenga la pareja, el proyecto de vida asumido, el nivel de apego sano y de sentido de pertenencia”, explica José Miguel Gómez, médico psiquiatra, psicoterapeuta de pareja, en el Centro Médico Gazcue, y escritor.

De acuerdo a su experiencia, hay quienes pueden  durar de tres a seis meses, y eso es tiempo suficiente para madurar una relación, pero hay quienes tienen hasta cinco años “en amores” y no se conocen lo suficiente; luego, se casan y se divorcian.

Un proyecto de vida

“En el proceso de noviazgo, más que el tiempo, lo que aconsejo a mis pacientes es que hagan un contrato marital, donde le pido a ambos que establezcan un contrato verbalizado y consensuado en cada una de las áreas de ese posible proyecto de vida que será el matrimonio, porque si tú te pones a consultar o evaluar, el 90% de la gente en República Dominicana se casa sin contrato, es inferido (yo creo, yo aspiro). De ahí es que nace una serie de expectativas que uno sobrevaloró en el otro, y tan pronto se casan empiezan a decepcionarse porque no se habló de eso”, argumenta el también autor del Manual terapéutico de parejas, entre otros 14 títulos más.

Mito: Las parejas cambian luego del matrimonio

La realidad es que no cambian, si no que realmente no se conocían a profundidad.  “Los problemas surgen porque no se acordaron los puntos claves de la unión. En el momento que en el noviazgo iban apareciendo las crisis, se fueron posponiendo y no confrontado” agrega el psicoterapeuta. Las áreas de mayor conflicto de las parejas son: la comunicación, el manejo de las redes (actualmente, una de las mayores causas de discusión) y la economía. “Se debe hablar bien de la relación, de la familia de ambos, la fidelidad y los valores de la pareja. También, de la cultura de tratarse bien, del respeto, del vínculo y el compromiso. Los hijos que posiblemente se van a tener, las inversiones que se podrían hacer y cómo van a tener una capacidad de comunicarse cuando empiecen a surgir las diferencias. Ahí es que vamos a aprender de la madurez para tolerar, consensuar, perdonar y flexibilizar; aprender a vivir con alguien que es diferente a ti”, agrega el experto.

Vivir juntos antes de la boda

Tampoco es garantía de que en un futuro la relación funcione, ya que Gómez vuelve a señalar que si la pareja opta por vivir en unión libre pero no por asumir un proyecto, surgen los mismos conflictos.

Ahora, el establecimiento de ciertas reglas no necesariamente son para toda la vida. Lo recomendable es, después de un conflicto, volver a renovar el contrato. Se trata de revisar las actitudes y el proyecto de vida para consensuar. “Si yo veo que la persona no quiere asumir o no tiene la capacidad o madurez, usted sabe a qué abstenerse”.

Primero, se establecen las áreas de mayor necesidad que tengan ambos, o sea, la prioridad; no hacer un contrato de supuestos. Después se siguen trabajando las otras, para hacer la revisión de actitudes. José Miguel Gómez apunta: “Si no pueden hacer eso, entonces deben ir donde un terapeuta de pareja para que trabaje ese proyecto de vida marital, además de algunas individualidades que se arrastran desde la crianza (como el temperamento o el carácter) o del aprendizaje con la propia familia, que no se ajustan con el modelo que tengo ahora”.

¿Los opuestos se complementan?

“No”, responde el especialista. Lo importante no es que sean iguales o parecidos, sino que puedan  llegar a acuerdos con sus valores, para lograr un modelo de vida  más llevadero. Se pueden vivir con las diferencias si aprenden a consensuar con ellas.

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¿Más años de noviazgo = menos matrimonio?

Lo cierto es que eso va a depender de la intensidad con el que vivieron ese noviazgo y de la madurez que tenían para resolver esos conflictos. “Hay muchas personas que en el noviazgo toleran bastante (desconsideraciones, irrespetos, agresiones, indiferencias, desapegos) y cuando una gente comienza a tolerar eso y piensan que la pareja cuando se casa, cambia, en realidad le van a esperar los mismos problemas. Y si después esperas a que lleguen los hijos, pasado el tiempo te das cuenta de que vivías con una relación disfuncional e insatisfecha, y que la fuiste posponiendo. Por eso el amor hay que asumirlo desde el cerebro, no desde cupido o del corazón, de forma racional y adulta, porque aunque estás enamorado te puedes dar cuenta que no te conviene”, concluye José Miguel Gómez.