Alaima González: “La música cambia. La música salva”

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Por Victoria Scheker Fotografía Fuente externa

Se define como artista; como ser humano ajeno a este mundo que cada vez prioriza menos las artes. Se toma la tarea de ser embajadora de emociones; conductora de sensaciones que erizan la piel. No entiende las matemáticas, no le interesa la física ni la química; pues su hogar yace entre movimientos de piezas de Schubert y Mozart; entre estrofas y versos danza su espíritu.

No sigue esquemas ni patrones. No hay márgenes estructurales que rijan a los músicos, pues en su universo, “todo fluctúa, nada es preciso”. Y si bien es cierto que Alaima tiene la dicha de pertenecer a la Orquesta Nacional e impartir clases en el Conservatorio Nacional , está consciente que otros, quizás tan hábiles como ella, la tienen bastante difícil. “Algunos tienen la preparación y el talento suficiente para pertenecer a una orquesta, pero no hay puesto disponible”.

Cubana -comenzó a los 11 años a estudiar música- explica que en su país natal la carrera dura ocho años a partir del colegio, y luego cuatro o cinco en la universidad para obtener la licenciatura. “En Cuba ser artista se valora. Decir que eres graduado del Instituto Superior de Arte es algo que se respeta. Cuando llegué al país, recuerdo que me preguntaban, ‘¿y tú qué haces?’. A lo que le respondía: ‘soy músico’. En seguida venía la pregunta: ‘¿y qué más?’, porque nadie concebía que se pudiera vivir del arte. Pero ese concepto va cambiando poco a poco”, asegura Alaima, quien lleva 22 años en el país.

“Muchos de mis alumnos están cursando una carrera en la universidad, y me comentan que para ellos les es más fácil conseguir empleos como músicos que en sus áreas de estudios académicos”, afirma.

No eligió la flauta, sino que fue su mamá quien la apuntó en clases de este instrumento. Al principio le extrañada. Lo normal es que los niños quieran tomar clases de guitarra o piano, por el contrario, la flauta es un instrumento menos conocido y quizás por eso de mas posibilidades de desarrollo. “Lo bello de esto es que el instrumento te domina y te enamora”.

Cuando habla de su experiencia como maestra, sus ojos se tornan de un color más brillante; su mirada se alza al cielo y se divisa una sonrisa en sus labios. “No nos dan el mérito que merecemos, pero colaboramos tanto”, suspira satisfecha. Entre sus observaciones, señala: “La música cambia. La música salva. Cuando te llega un niño para que le enseñes música, le das un mundo nuevo; un mundo bello. Una persona agresiva se suaviza porque el instrumento la doma”.

Enfatiza que lo que hace “es a puro corazón”. Pues muchas veces le llegan estudiantes de lugares muy lejanos a la capital, quienes suelen no tener los recursos para pagar el pasaje o comprar flautas. Sin embargo, ella no puede simplemente mostrarse negligente ante este tipo de situaciones cuando ve que el estudiante tiene un potencial inmenso. Le duelen sus estudiantes. Le duele sus dificultades. Es por eso que no lo piensa dos veces si debe colaborarles de manera económica para seguir instruyéndose.  “El que es artista de verdad no pone su interés principal en el dinero”, declara.  Agrega que “cuando formas a un muchacho de un pueblo, ese joven va a formar a los demás a su alrededor”.

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Desde el 25 al 30 de abril se llevará a cabo su nuevo proyecto Flautístico-Nymph Project, el cual será el primer festival de flauta que se hará en el Conservatorio y contará con invitados extranjeros. “Por medio de esto quiero captar talento, y  recolectar dinero para comprar flautas y equipos”, dice. El festival persigue promover la labor de los profesores y los estudiantes. En él se ofrecerán recitales, concursos, conferencias magistrales con el fin de elevar a los profesores de flauta en República Dominicana, al igual que motivar a aquellas personas aspirantes a músicos.

Entre los invitados se encuentran Rafael Rodríguez, quien es profesor de flauta en la Universidad Javeriana de Bogotá; Eduardo Caicedo, profesor y lutier Colombia, y el invitado de honor, Néstor Torres, flautista de jazz ganador en 2000 del premio Grammy Latino Mejor álbum de música instrumental pop por su trabajo This Side of Paradise.