María Dimitrova: “Ahora hay un respeto hacia las competidoras que se están desarrollando en RD”.

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“Antes de atleta soy karateka, y antes de karateka soy mujer”.

Por Victoria Scheker Fotografías Cortesía María Dimitrova

Búlgara de nacimiento, dominicana de crianza y corazón, María Dimitrova es un orgullo para el país. Radicada en República Dominicana, en Sosúa, Puerto Plata,  desde los seis años, Dimitrova llegó como llegan muchos de los extranjeros que terminan optando por quedarse en el país. Vino al país con sus padres por fines turísticos y nunca más pudieron abandonar la isla.

“La princesa del karate”, como se le suele decir por su destreza y su belleza delicada, competirá en la premier de Holanda que tomará lugar en marzo de este año. La atleta está actualmente posicionada en el cuarto lugar de los mejores karatekas del mundo por la  World Karate Federation (WKF). Si bien su especialidad son las katas, comenta que le va mejor en combate. Entre sus logros: es tres veces campeona de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, ocho veces campeona panamericana, sub campeona de los Juegos del Mundo, campeona Iberoamericana, entre otros logros. Dimitrova se especializa en katas, sin embargo no por eso deja a un lado su gusto por el combate.

¿El hecho de que tu padre fuera karateka influyó en que decidieras practicar ese deporte?

Mi papá fue quien me trajo al mundo de las artes marciales. Allá en Bulgaria mi papá preparó un espacio donde podíamos entrenar. Cuando vi a mi padre entrenar, me llamó la atención, y comencé a practicar con él desde los cuatro años.

¿Nunca quisiste hacer otra cosa?

Nunca me obligaron a practicarlo, pero siempre fue parte de mi vida. Siempre hice muchos deportes, como fútbol, tenis, natación, basketball… pero siempre era el adicional. Siempre fue colegio, karate y otra cosa. Ahora que me pongo a pensar, esa siempre fue mi elección. Para mí el karate era como hacer la tarea. Era otro cumplimiento. Recuerdo que cuando me castigaban en la casa no me quitaban la televisión como a muchos niños, sino que me decían “no vas para el karate”. Ese era el peor castigo que me podían poner. Yo disfrutaba mi clase de karate porque no era monótono. El fútbol era siempre lo mismo: correr y darle a la bola. En el karate todos los días aprendía algo nuevo. Creo que eso fue lo que me mantuvo con interés toda la vida.

¿Tienes otra pasión aparte del karate?

Soy muy amante de los perros. En mis planes futuros quiero abrir una fundación para ayudar a los perros de la calle. En mi casa tenemos de ocho a 10 perros. Siempre encontramos uno en la calle, que está pasando hambre o está enfermo, lo alimentamos, lo llevamos al veterinario y luego le buscamos un hogar. Cuando tengo tiempo libre busco compartir con los animales.

Vinieron de vacaciones desde Bulgaria y se enamoraron tanto del país que se quisieron quedar…

Sí. Vinimos primero a Cabarete y luego a Sosúa. Mis padres vinieron a visitar unos amigos de Bulgaria y yo tenía solamente seis años, así que no fue tan difícil dejar Bulgaria y adaptarme al país. Luego que un europeo llega a la playa de República Dominicana, no se quiere ir. El calor es algo que no tiene precio. Bulgaria tiene sus cuatro estaciones, y en invierno puede bajar a -24C. En el verano puede llegar de 38 a 40C. Es un clima continental por lo que es seco.

En tu época de adolescente también trabajaste en televisión, ¿cómo fue esa experiencia?

Me di cuenta que en la televisión no había ningún programa dedicado a los jóvenes, sino que todo era contenido de adultos. Entonces me acerqué al canal de televisión y le pregunté por qué no tienen un programa para nosotros los jóvenes. Me dijeron que no había nadie que hiciera los programas, y me ofrecí a hacerlos. Parece que se encontraron bien interesante el proyecto y me dijeron que si yo convencía a las personas, me daban la oportunidad. Al productor le gustó la idea y se dio el proyecto. Tengo un carácter un poco fuerte, por lo que yo quería que se diera todo a mi manera y con mis ideas. Se transmitía en todo el Cibao y tenía secciones de deporte, curiosidades, música, y una novela, de la cual yo era la guionista. Incorporamos talentos jóvenes de allá.

Fue todo un éxito. Mandé un demo a un canal de Europa y les gustó. Me propusieron que hiciera un programa turístico del país. Se canceló el programa de Puerto Plata y firmé con ellos. Trabajamos un año, el programa se transmitía en 23 países en español, inglés y búlgaro. Para ese entonces entré en la Selección Nacional de Karate. Aún estaba en el colegio, y entre los estudios, el karate y la televisión, solo dormía cuatro horas. Mis padres me hicieron una intervención y me dijeron que tenía que elegir entre la televisión y el karate. Elegí el karate.

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Como atleta femenina, ¿has tenido que romper con algunos estereotipos?

Como mujer en el karate puedo decir que en mi federación no he vivido discriminación, y creo que esto tiene que ver con que muchos de los karatekas que se han destacado a nivel internacional han sido mujeres. Nunca tuve obstáculo como mujer en el deporte. También se da que el karate está dividido en categoría femenina y masculina. Es muy equilibrado.

En las competencias internacionales ha sido más difícil, ya que antes de yo empezar a competir no había ningún otro talento en mi categoría. Entonces en los campeonatos, cuando caminaba, escuchaba a las personas decir: “ah me tocó República Dominicana en la primera ronda, voy fácil”. Así que tuve que romper el hielo y cambiar esa percepción de que el país no tiene nivel. Creo que esto ha sido lo más difícil que me ha tocado hacer en mi carrera deportiva. Ahora hay un respeto, no sólo hacia mí, sino también a todas las competidoras que se están desarrollando. República Dominicana no es “María Dimitrova”. Están Franchell Velázquez, Heydi Reinoso, entre otras. Ya en equipo de kata hemos sido tres veces campeonas panamericanas.

¿Sientes que se les da el reconocimiento que se merecen las atletas dominicanas en los medios de comunicación?

Siento que al karate se le podría dar mucho más apoyo considerando que en las últimas cuatro ediciones de los Juegos Panamericanos, Centroamericanos y del Caribe, nuestra disciplina fue la que más medallas le aportó al país. Entiendo que al no ser un deporte Olímpico en aquel momento, no éramos prioridad para los periodistas. Espero que eso cambie ya que en agosto de 2016, el karate fue incorporado en la lista de deportes para los Juegos Olímpicos del 2020.

¿Has tomado alguna iniciativa para ayudar al país en el ámbito del deporte?

Tengo la Fundación María Dimitrova, donde ayudamos niños de escasos recursos a través del deporte, empezando por el karate, claro, por los valores que trae consigo (disciplina, autocontrol, defensa personal, entre otros). También queremos impartir charlas sobre el ‘bullying’, y en cuanto a las chicas, orientarlas en cómo cuidar su salud y su cuerpo.

¿Alguna vez tocaste fondo y quisiste dejar el karate?

Sí, en el Mundial antepasado, en el 2014. Recuerdo que había tomado ese año entero para dedicárselo solo al karate. Conseguí patrocinadores y asistí a muchos campeonatos y eso me fue posicionando en el segundo lugar en el ranking mundial. Sentía que había hecho toda la preparación que podía haber hecho en cuanto a ‘fogueo’ y entrenamiento. Cuando llegó el campeonato, perdí en la segunda ronda con una chica de Serbia que nunca me había ganado. Son cosas que pasan en los campeonatos; son muchos factores los que influyen, como la percepción de los árbitros o los intereses políticos. Simplemente la suerte no me acompañó ese día. Para mí fue muy fuerte porque sacrifiqué un año de mi vida. Quería traerle una medalla mundial al país. Ese momento dije “ya”. Estaba sentada en la grada llorando. Pensé que si no lo había logrado en ese entonces, no lo lograría nunca. Para hacerlo tendría que volver a sacrificar un año. En ese momento mi sensei, Masayasu Kametani, me trabajó psicológicamente. Me sacó del pabellón, salimos a tomarnos un café, y luego me dijo: “ponte el uniforme, que vamos a entrenar”. Todavía mi categoría seguía compitiendo. Me dieron un entrenamiento de casi cuatro horas seguidas. Me corrigió varios detallitos y luego me dijo, “¿ves? La María Dimitrova de cuatro horas atrás y la de ahora es muy diferente. Tú todavía no has llegado a tu tope; tienes un camino que recorrer. Si quieres rendirte, ahora es el momento. Pero no es porque ya no das para más, sino porque estás tomando esa decisión. Si esa es tu decisión, quítate el cinturón y retírate”. Entonces vi una pequeña luz al final del túnel y contesté: “no, sensei. Seguiré trabajando hasta que logremos la meta”. Dos meses después, gané los Juegos Centroamericanos y del Caribe por tercera vez consecutiva, haciendo historia para el deporte dominicano

¿Cuál ha sido tu mejor momento como karateka?

Cuando fui a un Campeonato Panamericano Juvenil, mi meta era entrar en el top 8. Todavía no era nadie, recién empezaba. Cuando llegué allá y comencé a competir, gané la primera ronda 5-0, y siguió así. Llegué a la final y le gané a Venezuela, al momento la campeona panamericana juvenil. Enseguida llamé a mi sensei y le dije: “usted está hablando con la campeona juvenil panamericana”. Entonces él se quedó callado… Y yo, ‘¿aló? ¿sensei?’. Entonces me respondió, “¡María! Espera… estoy llorando”. Los japoneses suelen ser personas muy frías, entonces yo escucharlo con esa emoción y ese orgullo hizo que ese momento se me quedara grabado. Sentí que era un logro de los dos. En ese momento sentí más alegría que cuando me colgaron la medalla de oro.

¿Te sientes realizada como atleta?

Creo que he logrado mucho por el país. He llevado el himno nacional donde nunca se había sonado. Pero todavía hay mucho por realizar. Me toca transmitir todos esos conocimientos a la próxima generación. El nivel de kata que tenemos no se puede quedar con María Dimitrova. La idea es que la próxima generación de jóvenes puedan lograr lo que yo no pude alcanzar. En el 2014, la Federación Dominicana de Karate me nombró entrenadora de la Selección Nacional Juvenil.  Tenemos un gran potencial de jóvenes en los que confío que lograrán grandes cosas para nuestro país

¿Aún te pones nerviosa cuando compites?

Sí, creo que eso es algo que nunca se pierde. El día que deje de sentir esa presión y esa adrenalina, ese día me retiro.