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Por Airam Toribio Fotos Fuente externa

 

La inclusión está de moda. Bien. Y las marcas han decidido hacer comercio y crear rostros famosos en el proceso. James Charles, gracias a su número de seguidores en redes sociales que sobrepasan el millón, fue el primero en lograr un contrato con una marca de la que hasta entonces sólo modelos y famosas de la talla de Drew Barrymoore, Queen Latifah, Katy Perry o Sofía Vergara han sido parte.

Imágenes masculinas que formen parte de campañas han existido, desde hace años gracias a Mac y su Viva Glam. Boy George, Elton Jhon o Ricky Martin son algunos de los que han formado parte de ésta, una campaña que busca recaudar fondos para  la lucha contra el VIH Sida. Sin embargo, James, de 17 años, ha sido el primer embajador.

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Para la sorpresa de muchos y el horror de sus haters, en menos de tres meses no ha sido el único.

L’Oréal y Maybelline, recientemente también siguieron la tendencia. En el caso de la primera, sucedió para la campaña 2017 de su base True Match. Darnell Bernard (@darnellbernard33), un artesano de Nepal con tan solo 2.129 seguidores en su cuenta de Instagram, forma parte de la misma. “Con una mezcla diversa de individuos e ilustrando sus historias de piel individuales, nuestra nueva campaña True Match celebra el poder y la belleza de sentirse cómodo en su propia piel”, expresó el subdirector general de la marca, Tim Coolican.

En el segundo caso, Maybelline también apostó por ellos, al contratar al influenciador Manny Gutiérrez (@mannymua733).

Pero no todo es color rosa. De hecho, estos chicos reciben comentarios negativos día a día. Hace una semana Manny publicó uno de ellos en su cuenta de Instagram. El usuario @MattWalshBlog, publicaba en su perfil la foto de Manny con el caption “Padres, esta es la razón por la que ustedes deben estar ahí para criar a sus hijos”. La respuesta de Manny no se hizo esperar: “En realidad mi padre trabaja para mí y está muy orgulloso de mí. Disculpa”.

En una entrevista concedida a la revista Allure, James también hablaba del acoso que sufre en redes: “Recibo comentarios negativos todo el tiempo. Pero los que más me molestan son los que cuestionan mi carácter”, puntualizó. “Me estoy divirtiendo, estoy haciendo lo que amo y eso es lo que importa”, agregó.

 

¿Cuál es el revuelo?

Hace unos días, mientras compartía en la cabina de Diario Moda Radio con mi amigo Juan Carlos Albelo, le hice el comentario de los hombres contratados como embajadores de marca de maquillaje. Me respondió: “O sea que estamos volviendo a lo básico, porque antes eran los hombres los que se maquillaban”. Y en efecto, el que ellos usen maquillaje no es nuevo, fueron el primer género en hacerlo. Faraones y miembros de la realeza y la burguesía lo hicieron por siglos. De hecho, aún existen tribus donde solo a los hombres se les está permitido lucir maquillaje. En otras, el maquillaje es esencial para embellecer su rostro a la hora de conseguir pareja, como sucede con la tribu Wodaabe en Níger, África.

En los 80s, los artistas más famosos lo hicieron parte de su look. Bowie, Boy George, Prince… En la última década, podemos mencionar como fanáticos del delineador negro a Jhonny Depp y Jared Leto.

Entonces, ¿qué cambió? De acuerdo a un estudio publicado en el portal Infashuation, gran parte de ello se debe a la iglesia, que para la época Victoriana, tachó de abominable o ser una obra del demonio el uso de maquillaje. En ese entonces sólo le estaba permitido usarlo a las prostitutas y a los actores (las actrices lo tenían prohibido). En el mismo informe, se explica que muchas razones, luego de la época victoriana, pudieron influenciar a que el maquillaje sólo fuera bien visto en ellas, como por ejemplo, el hecho de que los hombres lucieran totalmente masculinos en la guerra. Es decir, la femineidad que se le otorga actualmente al maquillaje, ha sido más que nada establecido por la sociedad.

Mientras y haciendo caso omiso a comentarios negativos de generaciones más viejas como los Baby Boomers (nacidos entre 1930 y 1960) o la Generación X (1960-1980), estas marcas y sus cerebros mercadológicos se hacen eco del aura de sensibilidad y la consigna de “todos somos diferentes, pero tenemos los mismos derechos”, con que han crecido los hijos de las mencionadas generaciones, es decir, Millennials (1980-2000) y Centennials o Generación Z (los nacidos en el nuevo milenio), ambas abiertas al cambio, la diversidad y la igualdad.

 

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