¿Cuándo es más doloroso el divorcio?

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Por Camila Santana Foto Shutterstock

 

Cuando una pareja decide dar el paso de contraer matrimonio en lo último que piensan, o en lo último que quieren pensar, es en la posibilidad de un divorcio. La definición de matrimonio tiene una connotación eterna y de longevidad: la promesa de amor entre dos personas que deciden dejar de lado la concepción de la vida como un camino individual, y pasar a tomar a su pareja como partícipe, construyendo un mundo en conjunto, un proyecto en el cual solo puede funcionar si ambas partes colaboran. En la mayoría de casos, se planea hacer de los hijos el eje central del hogar y se tiene una sensación de un porvenir feliz.

¿Qué pasa cuando a pesar de que ambos previamente se hayan evaluado el uno al otro, y se dan cuenta que sus personalidades y deseos no son compatibles? Pasa una u otra: lo aceptan, continuando un matrimonio turbulento y tóxico, o se divorcian. Ambos desenlaces son difíciles, solo que con el divorcio se tiene la ventaja de la posibilidad de darle un cierre a situaciones dañinas.

Siendo la separación una vivencia tan complicada, fuera lógico pensar que después de una primera vez, nuevamente pasar el transcurso de enamorarse, comprometerse, casarse y volver a divorciarse, suena aún más devastador que solo experimentarlo una vez en la vida. Para la terapeuta sexual y de pareja Virginia Pérez, los divorcios con frecuencia son dolorosos y traumáticos no importa si es una primera vez, segunda o tercera, explica que el dolor va depender mucho de la persona, su capacidad de aceptación y qué tan comprometida estaba con la relación, sin embargo, sí, en general el primero puede afectar a la persona con más facilidad.

Sea más difícil la primera, cuarta, sexta, o cualquier vez, lo que sucede en este largo y angosto trayecto, lo que varía son las situaciones específicas no lo que a groso modo, sucede en la vida emocional de quienes por alguna u otra razón, deciden separarse.

 

¿Qué afronta quien se divorcia?

El divorcio afecta todas las áreas de la persona, emocional, familiar, laboral, social y económica, pero con las emociones se produce un desequilibrio que afecta el autoestima. Usualmente le invade un sentimiento de culpa y de auto-cuestionamiento.

El psiquiatra y escritor Matthew McKay, en “El libro del divorcio y la separación”, divide las etapas del divorcio en cuatro, tomando en cuenta los estados mentales en los que pasa, por lo general, cualquiera que viva el divorcio:

  1. El trauma de la separación: es el momento más negativo del proceso. En esta etapa es cuando la persona aún no asimila el final de la relación, se sufre el miedo al abandono, se acallan sentimientos que no se quieren afrontar, puede padecer de ansiedad, pérdida de apetito y se corre el riesgo de aislarse: dejar de pagar facturas, no hacer vida social, rechazar cualquier posibilidad de progreso emocional, en fin, quedarse estancado.
  1. La montaña rusa: En esta etapa la nostalgia usualmente es la peor enemiga. Se empieza a pensar en momentos pasados, buenos y malos, que te provocan emocionalmente un sin fin de erupciones de tristeza, rabia, odio, añoranza y un sinnúmero de emociones contradictorias entre si. Usualmente es el momento en el que ambos empiezan a llamarse y tener encuentros íntimos, que por lo general empeoran y alargan el proceso.
  1. La construcción de la identidad: Aquí se empiezan a ver los progresos. Cuando se acepta por fin que la relación no existe, empieza la persona a re descubrirse y a moldearse. Es el momento idóneo para pasar tiempo en soledad, evaluar su propia vida y verla desde un punto de vista desarraigado. Es la etapa de re conectar consigo mismo.
  1. El yo recentrado: Y como todo en la vida tiene su final, en esta etapa es cuando se vuelve a un estado de normalidad, claro, no se olvida la experiencia vivida, como todas las situaciones difíciles, el divorcio deja una marca diferente en la personalidad de cada quien. Sin embargo, es el momento de cierre total en el que se decide seguir adelante.

 

Recomendaciones de la doctora Virginia Pérez para salir airosa de un divorcio:

  • Aceptar que la relación llegó a su fin
  • Darse el permiso de vivir su duelo
  • Saber que es un nuevo comienzo
  • Cuando vengan sentimientos nostálgicos recordar que la relación no pudo continuar
  • Buscar apoyo familiar y en amistades confiables que puedan escucharte
  • Hacer lo que te gusta. Lo que cuando estabas casada no te atrevías a hacer
  • Leer, hacer ejercicio, escuchar música, tener contacto con la naturaleza
  • Si aún sigues decaída, visita a un buen o buena terapeuta