Ana Rossina como Annie Braddock

Fecha

, Póster

Ana Rossina

“No quiero un mundo mejor para mis hijos; quiero hijos mejores para el mundo”

Si hay algo que le apasione más que la comunicación, es su rol de madre. Cuando se trata de sus hijos, el mundo se detiene.

Llevaba el micrófono conectado, por si sucedía algún imprevisto. Trabajar en un noticiario significa estar preparado para cualquier eventualidad. Por eso, tuvimos que hacer la entrevista cerca de los estudios. Ciertamente, es un oficio que requiere mucho sacrificio. De igual forma, a Ana Rossina le apasiona. Aunque durante la entrevista descubrimos que su corazón le pertenece a su familia. Dice sentirse orgullosa del compañero que tiene, “que es madre y padre”, con quien comparte la delicada y difícil tarea de criar a los hijos: tres que viven junto a ellos y una que hace un par de años voló del nido. 

Para muchas mujeres que trabajan, las niñeras son “salvavidas”. Resulta difícil dejar a sus hijos con una persona que no conoces. Sí, lo es. Cuando tuve mi primera hija, que tiene 25 años ya, nunca tuve una niñera. Tuve la suerte de que vivía con mi madre, y ella se encargaba de cuidarla. Cuando llegaron mis demás hijos y tenía que trabajar, sí tuve que buscar una persona que me ayudara. Para la selección hay que tener muchísimo cuidado. Así como puede resultar una persona agradable físicamente, luego con el trato y con el tiempo, descubres que no es la persona ideal para que cuide de tus hijos. Yo busco a una persona con honestidad, limpia, que tenga el instinto de madre, de proteger a los niños, que respete las reglas de la casa y haga que ellos también las respeten. Ellas tienen cierta autoridad de poner reglas y que se cumplan. Es como mi ministra en la casa. Tiene que tener don de mando pero que sea dulce. Me gustan que tengan hijos para que vengan con la experiencia; que no sean muy jovencitas pero tampoco muy mayores, para que tengan ánimo de jugar con ellos. Es complicado. Como quiera, aunque consigas a la persona “ideal”, te vas con el corazón encogido, siempre. 

Uno de los temas de la película, y que es real, es que muchas niñeras tienen que dejar a sus hijos para cuidar los de otros. Trato de ayudarlas para que sus hijos estén bien cuidados. La muchacha que está en mi casa de lunes a viernes tiene cinco hijos repartidos, y para mí es muy importante que ella sienta que están bien cuidados, para que tenga la tranquilidad de cuidarme a los míos. Para mí es muy importante, por ejemplo, si se enferma uno de sus niños, lo que sea, que sepa que tiene el tiempo necesario para cuidarlos. Como madre quiero que se sienta segura. A veces es más complicado tener a una muchacha que sea madre pero yo lo prefiero así, porque ella sabe lo que siento.

Y por supuesto, mantenernos en comunicación. Eso es otra cosa importante, la comunicación entre la nana y la madre. 

Trabajar en noticias no es fácil, por asuntos de tiempo. ¿Cómo haces para dedicarte a tus hijos? Número uno: la organización del tiempo, y número dos, prioridades. Mi trabajo es muy importante, me apasiona. Pero antes que todo están mis hijos. Hay prioridades que no son negociables. Mientras mis hijos están bien, yo me dedico 800% al trabajo, pero si hay alguno con un problema, lo pongo como prioridad. Hay que organizarse. Le doy tiempo a mis tres hijos tempranito, los levanto a cada uno, no todos al mismo tiempo ni de la misma manera. Los llevo al colegio, los recojo cuando salgo del trabajo a las 3:30 p.m. Para mí, básicamente es organización, establecer tiempos que no son negociables para el trabajo y para los hijos. Mi horario de trabajo, a menos que sea una emergencia, mis hijos saben que lo tienen que respetar; saben lo importante que es para mí y para ellos, que yo pueda seguir trabajando y desarrollándome, no solamente por la parte económica, sino también como mujer.

¿Qué tan importante entiendes es la crianza que le dan los padres a los hijos? Para mi es básico. En la modernidad, en la rapidez que vivimos se pierde mucho. Uno tiene que entender que es una responsabilidad criar hijos. No es tener los muchachos para que otra los atienda. La presencia de la madre y del padre, aún estén separados, es vital. No se puede perder de vista eso: los hombres se tienen que integrar en la crianza; lo que uno le da a los hijos en la casa, nada lo sustituye, ni la escuela, ni mucho menos los medios de comunicación, aunque trabajemos aquí. No. Es la presencia, es el calor humano, es la seguridad que le das a un niño de que lo valoran, lo quieren… eso lo hace una persona sana emocionalmente para que pueda enfrentar el mundo. Siempre he dicho: no quiero un mundo mejor para mis hijos, quiero hijos mejores para el mundo. Y en base a eso nosotros tenemos que enfocarnos, los padres tenemos que estar presentes. Quien no lo piense así, tiene que revisarse. 

En el filme, la niñera debe sufrir callada el maltrato de su patrona. Hay quienes se aprovechan de la necesidad de sus empleados para explotarles… Eso pasa mucho. Conozco casos cercanos que tienen una muchacha trabajando las 24 horas, le dejan los niños día y noche. No consideran que necesitan descanso. Para que te rindan tienes que motivarlas, darles distracción, tiempo para ellas. Me parece muy injusto que se aprovechen de que necesitan el trabajo para someterlas a explotación, a trabajos extremos. Las contratas para una cosa y luego la pones a lavar, a planchar, le hablas mal… los padres no controlan a sus hijos, no les ponen límites, los niños son malcriados, le hablan mal a la muchacha. Para mí eso es intolerable.

Annie no tiene que usar uniforme para su trabajo, lo que no ocurre en nuestro país. El uniforme, limita. Es malo y bueno. Es más bien un tema de higiene. Hay muchachas que vienen de un sector humilde, la mayoría no tienen ropa estética e higiénicamente adecuada para estar con los niños. Ese tema es muy delicado porque algunas se sienten mal. Cada profesión tiene su uniforme: el policía, el médico, por ejemplo. Y esto es un profesión y  hay que respetarla, admirarla, porque es sumamente sacrificada y de una gran responsabilidad. Hay que tomar esos detalles en consideración. Yo soy bastante flexible. Lo primero es que ando con mis hijos sola, porque es un tiempo que me regalo y le regalo a ellos de estar conmigo. En ese momento aprovecho para que ella descanse, vea televisión, la motivo a que lea, que se quede en la casa tranquila. Y si sale conmigo trato de comprarle una ropa bonita, no el típico uniforme. Hay otras que me piden el uniforme, y se sienten bien porque están cuidando su ropa. Yo respeto para que ambas nos sintamos bien.

Lo del uniforme, cuando salen a algún lugar de esparcimiento, sucede que a veces se sienten discriminadas… La gente la mira, en muchos sitios la discriminan. En algunos lugares, si vas con la niñera vestida de niñera, la miran mal, te la quieren sentar aparte, no la dejan entrar. Entonces, eso es discriminación. Es una falta de respeto y de humanidad terrible. 

En ese tenor, hay muchas parejas que por los hijos y por guardar las apariencias frente a la sociedad, mantienen el matrimonio a pesar de lo infelices que puedan ser… Hay muchas circunstancias que influyen en eso. Aunque creo que la mujer se ha empoderado, hay muchas que por temor aguantan, y entiendo que no debe ser así. Uno tiene valorarse. En eso tiene que ver mucho cómo te criaron; la presencia de los padres, aún sean pareja o no, hace que un individuo crezca saludable emocionalmente y que se valore. La mayoría de las mujeres que aguantan, sea por razones económicas, apariencias, no entienden su valor. Además, ningún hijo es feliz si su madre y su padre no lo son. Por eso siempre digo, aunque creo en el matrimonio, que para tarde, temprano. La pareja debe buscar ayuda, agotar todos los medios, pero si no funciona, no puede seguir. No tiene ningún sentido que estén juntos siendo infelices, porque los hijos también lo serán.

Sería Ana Rossina capaz de perdonar una infidelidad o un maltrato. ¿Maltrato? No, ¡jamás! Y una infidelidad… Gracias a Dios no me ha tocado en 22 años que llevo de unión con Kenny. Pero así de plano no creo que lo perdonaría. Entiendo que estamos juntos porque los dos queremos y que si hay una necesidad de estar con otra persona entonces no vale la pena seguir. Yo me quiero más que a todo el mundo, incluso más que a mis hijos. Tengo que ver la circunstancia, vivir el momento. Pero así en frío, no. Y un maltrato, una palabra altisonante, jamás la toleraría. No y no. Punto.

 

La madre

“Para mí cada hijo significa algo. Lo doy todo por ellos. La mayor, que tiene 25 años, me graduó de la vida”.

Análisis de la vida… real

Annie Braddock se graduó Cum Laude de la universidad a los 21 años. Típico. Una vez fuera, no sabía qué hacer con su vida. Es así como, por accidente, la vida “la elige” para ser niñera. No valieron los intentos de su madre porque fuera una mujer de “traje sastre y tacones”. Ella la había criado prácticamente sola, trabajando como enfermera, y deseaba para su hija una vida mejor que la que ella tuvo. Pero “como nadie aprende en cabeza ajena”, la jovencita de New Jersey decide mudarse a Manhattan y jugarse con aquel trabajo que entendía el destino le había puesto de frente.

Una vez allí, en medio de los lujos, la ropa cara, las joyas, el buen gusto y un estricta dieta de primera, Annie descubrió lo que había detrás, no tan escondido. Un niño carente del afecto de sus padres. Una mujer, esposa accesorio de un hombre que le era infiel descaradamente, abusando de su rol de proveedor para descuidarla, dejarla plantada por “negocios” y escupirle al rostro su incapacidad para ser madre. Aquella pareja se sostenía sobre una penosa farsa, para guardar las apariencias en medio de un círculo que se alimenta de la hipocresía. Nada lejos de la realidad.

No les niego que la primera vez que escuché de la película, no le di mucha importancia. Yo también caí en el error de juzgar por las apariencias. No digo que se trate de una obra maestra. Sin embargo, si se le presta atención, trata el tema de las niñeras , la crianza de los hijos y los matrimonios fachadas, de una forma muy amena. Scarlett Johansson es encantadora y uno se prenda a ella aunque el guión no sea el más genial. Juega muy bien el papel de niñera, primeriza inexperta, pero que con alegre astucia se gana al pequeño travieso y le devuelve la dignidad de mujer a su jefa. Como en casi todo, no puede faltar el romance, aunque éste queda en un segundo plano. El enamorado, un estudiante de Harvard, nada presumido, le insiste para que deje aquel trabajo explotador al que Annie se siente obligada, por amor al chiquillo y pena a su patrona.  

La moraleja de la historia: no se puede negociar la dignidad humana ni la felicidad por dinero. La amargura es contagiosa y las máscaras, por más bien puestas que estén, algún día se caen. Nada justifica el maltrato, mucho menos cuando se trata de aprovecharse de la vulnerabilidad del otro. Por último: no sabemos quién será quien nos dé la lección más importante de la vida y nunca es demasiado tarde para hacer las cosas correctamente. O al menos, que te hagan feliz.   

 Twitts  para una vida. La novela apareció como audio libro con la voz de Julia Roberts. // El filme está basado en el libro con el mismo nombre escrito por Emma McLaughlin y Nicola Kraus. Ambas estudiaban mientras lo escribían. 

Coordinación Sarah Carrasco / Texto Nazaret Espinal  / Fotografía Karla Sanabia

Manejo digital Glennys Crisóstomo  / Maquillaje y peinado Sushy make up and hair

Traje del niño Formale  / Vestido Casa Mora /  Calzado Converse