Sí, ¡acepto!

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¿Repentino? Para nada. Giselle Escaño, conocida como ‘Dra. Gi’, lo deja claro: “Muchos se preguntarán por qué me caso tan rápido. La gente cree que se trata de un novio nuevo, pero no. Es mi novio de toda la vida”. La especialista en nutrición nos confiesa que con Andrés Abbot, su prometido, tuvo una relación de cinco años que terminó en el 2013. Incluso, habían hablado de matrimonio, pero entonces, no se sentía preparada para el “siguiente paso”.

A pesar de las dudas y aunque parezca contradictorio, sí tenía algo muy claro: sería el único hombre con el que podría casarse. Su convicción era tan fuerte que, un año después, sus caminos se vuelven a cruzar: “Entiendo que fueron cosas de Dios”. El tiempo, sabio al fin, fue poniendo todo en su lugar. Para cuando decidieron volver, en abril del año pasado (2014), no había espacio para las dudas. No sabía cuándo, ni cómo, pero era un hecho. Estaba preparada. “Cuando volvimos nunca pensé que me iba a casar de una vez”. El primer indicio fue en octubre. Ella tenía un viaje de trabajo hacía Argentina al que él insistía en acompañarla. Ella se negó. Iba a estar muy ocupada. Las amigas destaparon con perspicacia lo que había detrás: ¿un anillo de compromiso? Giselle no lo creyó.

 

Y el día de la sorpresa…

Para Navidad fue el segundo y último indicio. Él le había pedido hacer un viaje a Boston para pasarse allá las fiestas. Pero nuevamente, hubo un no como respuesta. En esta ocasión, la Dra. Gi quería pasar diciembre en casa, junto a su familia. No quería ni siquiera salir de la capital. Pero la decisión ya estaba tomada. Ella jamás pensó que en aquella fiesta de pijamas que habían organizado para pasar la Nochebuena, le diría adiós a su vida de “soltera y sin compromiso”. “Yo no sospechaba nada. Toda la familia estaba allí. Sí me había dado la impresión de que ‘algo’ pasaba cuando me insistió con lo del viaje, pero ya luego no estaba en eso. Estaba enfocada en mi Navidad”. De pronto, algo raro sucede. La entrada de un violinista y un saxofonista le hace pensar que había algo especial para esa noche. Ella, se distrae hablando con una muy buena amiga cuando, de pronto, en el jardín se escucha la voz de su prometido. Era un hecho: le propondrían matrimonio.

Se quedó sin palabras, nos comenta. La emoción la hizo llorar. Hubo hasta fuegos artificiales de fondo y toda una familia, que compartía con ella, uno de los momentos más especiales de su vida. 

 

¿Fue cómo lo soñaste?

Le pregunto. “Mucho mejor”, fue su respuesta. Continúo, ¿estás preparada? “Claro que lo estoy. Antes no era mi prioridad, pero ahora sí, lo quiero: una familia, mis hijos…”. Giselle es consciente que muchas cosas serán diferentes del 27 de junio en adelante (fecha de la boda). Pero está lista para asumir el sacrificio: “Estamos dejándonos guiar por Dios. Él nos da su fortaleza y su paz”.