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El Diario de Lorenna

Querido diario:

Santo Domingo. Domingo 27 de Enero del 2013 . 08:00am

Ahí estaban Chino y Nacho jugando tenis, y yo mirando lo divertido que puede ser moverse de un lado a otro detrás de una pelotita. Es un deporte que disfruto ver y jugar...

Formó parte de mi vida por toda mi adolescencia. Llegaba al club después del colegio, y pasaban volando las horas de la cantidad de actividades que hacía. Entre ellas el tenis, fija de 3:30 a 5:00 en clases con Yesel o Ramírez.

El asunto es que he vuelto a retomar este deporte. Es una descarga de adrenalina, quemas calorías y te sientes joven; todo al mismo tiempo. Es como la bicicleta, sin importar los años que pasen, no se olvida (ahí hago un paréntesis para decir que casi me mato en una bici cuando la monté después de vieja. Soy la excepción parece).

Ya me ha pasado lo que acostumbra: me lastimé el brazo por estar privando en Pete Sampras, bateé una pelota a lo Sammy Sosa y le di en el mismo centro de la cabeza a un bolerito.

Pero eso no era lo que quería contarte querido diario. Hoy mi partner prefirió bolear con otro jugador. ¿Tú puedes creer eso? Cosas que pasan. Y mientras veía como lograban lo que no he podido (por algo me abandonó. Definitivamente, me faltan horas de boleo y darle a más boleritos), caí en que somos remplazables.

Como las raquetas; si una se rompe, se compra otra. Aunque la diferencia es que los seres humanos no somos como las raquetas, cada uno es especialmente distinto. Pueden sustituirnos, pero jamás será igual. Quizás peor, quizás mejor... Ahora, siempre una nueva experiencia.

La conclusión de esta noche sería: que debo ponerme las pilas en el tenis, y que pase lo que pase, aunque haya un remplazo, no será lo mismo, pues somos únicos. Únicos e irrepetibles.

Twitter: @lorennapierre 

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